miércoles, 20 de septiembre de 2017

QUITA TUS SUCIAS MANOS DE ESTE CHOQUE DE TRENES


“Democracia es votar; antidemocracia es impedir votar”: una ecuación simplista y manifiestamente falsa desde el momento en que la votación propuesta afecta a la condición jurídica, los derechos y las libertades individuales imprescriptibles de personas presentes y futuras que no votarán, y anula la seguridad jurídica derivada de todo un ordenamiento positivo establecido, sustituido por no se sabe qué, ni se propone, ni se adivina.
La convivencia en democracia se basa en el respeto de todos al marco jurídico existente, que a todos implica. No basta la suposición de que ese marco sea “opresivo” para anular la obligación de respeto. La comunidad internacional ha amparado luchas de liberación contra regímenes coloniales anclados en la desigualdad jurídica de las personas; pero no es el caso de Catalunya. Aquí la comunidad internacional no ampara nada; aquí no se está dando una batalla por la igualdad, sino por la supremacía de unas leyes (ni siquiera vigentes; todavía en embrión) sobre otras, vigentes y contradictorias con las primeras.
La libertad legítima de una persona acaba allá donde choca con las libertades igualmente legítimas de otras. No cambia la situación el hecho de que una mayoría decida ignorar o suprimir los derechos de una minoría; una violación en grupo no se legitima por el hecho de que previamente haya sido sometida a votación, y la víctima haya quedado (lógicamente) en minoría. El voto de los delincuentes no santifica el delito.
Sorprende, entonces, que se vaya con tanta impudicia a un choque de trenes con el Estado soberano, por mucho que quien lo gobierna tenga escasa credibilidad democrática y se vea abrumado por el peso de una corrupción ejercida de modo sistemático durante largos años. Porque esto no es oposición a un gobierno (en lo que una gran mayoría de los españoles, si hacemos caso de los votos de las últimas elecciones, estaríamos de acuerdo), sino oposición a “cualquier” gobierno de España, a partir de la negación de las reglas compartidas de convivencia.
Se podría (se debería) encauzar este combate desde la afirmación precisamente de los derechos de ciudadanía de los trabajadores, de las mujeres, de los jóvenes, de los pensionistas. De la salvaguarda de derechos vigentes, pero conculcados, a la salud, al trabajo digno, a la vivienda, a un medio ambiente saludable, a una educación adecuada a las potencialidades de cada cual, a la igualdad de oportunidades de ascenso social. Todo ello es posible, tanto en Catalunya como en otros lugares de España, tomando como objetivo el cambio de un gobierno aborrecido por todos.
Pero cuando se marcha con decisión a un choque de trenes entre dos legalidades, resulta incoherente la interjección de Gabriel Rufián a Mariano Rajoy en las cortes españolas: «Quita tus sucias manos de las instituciones catalanas.»
Porque, en efecto, el jefe del gobierno tiene legitimidad para imponer sus manos – sucias o limpias – sobre las instituciones de las autonomías. Y Rufián no puede alegar ignorancia de este hecho simple y sencillo.
 

martes, 19 de septiembre de 2017

EL RESPLANDOR DE LA CARNE





El 25 de octubre de 1953, Pablo Picasso cumplió 72 años. Yo visité la exposición “Picasso i Perpinyà” cinco días antes de cumplir los 73. Una coincidencia curiosa que seguramente me hizo especialmente sensible, por solidaridad humana, a su pintura.
Picasso hombre no estaba pasando aquel otoño por una época feliz. Acababa de consumarse su separación de Françoise Gilot, que a finales de septiembre dejó Vallauris y marchó a París con sus dos hijos, Claude y Paloma. Pablo intentó convencer entonces de que fuera a vivir con él a Geneviève Laporte, cuarenta y cinco años más joven y su amante ocasional desde que convergieron en 1951 desde sus respectivas posiciones, ella como estudiante de arte y él como artista genial consagrado. Geneviève se negó a convertirse en la compañera establecida de Pablo, y se alejó definitivamente de su vida. La ruptura pudo comportar algún elemento humillante para la autoestima del pintor.
Hay varias indicaciones acerca de su estado de ánimo depresivo. Georges Ramié, el principal editor de su cerámica, le escribió desde París el 4 de noviembre: «Es muy importante que tenga presente que, en los momentos difíciles que está pasando, seguimos pensando en usted con mucho afecto…» A finales de septiembre la hermosa Paule de Lazerme, su anfitriona en Perpinyà, le había reiterado su amistad: «Hablar de amistad es muy intimidador, nada más querría que estuviese seguro de mi afecto, y si está triste y pasa por momentos difíciles, sepa que pienso en usted.»
Picasso pintaría cuatro retratos magníficos de Paule vestida de catalana, en agosto del año siguiente. En el mismo año de 1954 (en junio) apareció en su vida la que sería su última compañera, Jacqueline Roque, más joven aún que Geneviève.
En el entretanto, a partir del 28 de noviembre de 1953 y hasta el 3 de febrero de 1954, Picasso trabajó obsesivamente en Vallauris en una serie de dibujos y pinturas que tienen como tema central el pintor y la modelo, con algunas variantes: músico y bailarina, payaso y ecuyère… En esta serie el personaje masculino es viejo, o ridículo, o anodino; la sensualidad de la mujer, por contraste, resplandece. Se llama a este conjunto de obras la Suite Verve, porque la revista Verve, de París, publicó en su Vol. VIII, núm. 29-30, un conjunto de 180 reproducciones de esa serie.
El original de la reproducción que encabeza este texto es un dibujo a lápiz en color sobre papel vitela, con la fecha 2.2.54 en el ángulo superior derecho, y lo vi expuesto en la exposición temporal del museu Jacint Rigau. La copia escaneada no hace honor a la explosión de color de la parte izquierda de la composición (la modelo), en tanto que el pintor aparece, descolorido y esquemático, embutido en el propio lienzo en el que trabaja, en una especie de desaparición simbólica de la escena. Poco antes (29.12.53), en plena fiebre creativa, Picasso había pintado L’ombre, un óleo y guache en el que él mismo es solo una sombra en la habitación de Cannes en la que duerme desnuda Françoise Gilot. El lector puede verlo, entre otros lugares, en http://www.20minutos.es/fotos/cultura/artistas-que-canibalizan-a-picasso-11663/3/
   

domingo, 17 de septiembre de 2017

EL COQUETEO CON EL FASCISMO COMO TENTACIÓN RECURRENTE


Ada Colau ha imprimido un giro original a la situación política asfixiante que estábamos padeciendo en Catalunya. Su idea es convertir la presencia de las urnas el próximo uno de octubre en una movilización unitaria frente al inmovilismo del gobierno central. Una movilización, no en defensa de una solución unilateral, y sí de una exigencia de solución compartida. Más allá de un hipotético derecho a decidir, defensa de la libertad de expresión y de proposición política. De la democracia. Vale la pena tener en cuenta la movida, que abre una vía para un reagrupamiento provisional de posiciones diferenciadas y hasta ahora agriamente enfrentadas.
Catalunya está planteando al Estado un problema político, pero Rajoy no lo percibe como tal. En su cabeza no entran los aspectos políticos de la cuestión, solo los flecos legalistas.
Algunos comentaristas defienden que el presidente del gobierno no dialogue mientras se mantenga el reto absurdo de la independencia por la vía unilateral. Es minusvalorar a Rajoy. Rajoy no negociará sobre el encaje de Catalunya en España ni bajo amenazas, ni sin amenazas. Para él es algo inconcebible. Su posición política se reduce al pleonástico “quien manda, manda”. Está a mil leguas de su cabeza la idea de un acercamiento de posiciones con quienes “no” mandan. Lo ha demostrado mil veces, con Mas y con Puigdemont, como con Sánchez y Rivera.
Otra cosa distinta es su tendencia irreprimible a trasladar los marrones a los tribunales y lavarse él las manos. Una actitud que no implica fe en la justicia, sino fe en la triquiñuela legalista para cubrir formalmente los expedientes sin tener que entrar jamás en el fondo de las cuestiones.
En consecuencia todo se aplaza en este país, todo se mantiene inmóvil mientras la retórica del gobierno predica grandes avances y perspectivas vertiginosas en una posverdad paralela. Rajoy convoca de boquilla al poder judicial a defender de modo intransigente la Constitución, pero sus fiscales y jueces adictos conculcan la Constitución siete veces todos los días antes de acostarse. Dos ejemplos: se condenó con severidad a una tuitera que hizo un chiste sobre Carrero Blanco. Pero Carrero no es materia constitucional, que se sepa. Luego un torero borracho de éxito se ha envuelto en una bandera franquista al concluir una faena. La bandera es claramente inconstitucional; anticonstitucional, incluso. Pero no habrá en este caso denuncia, ni juicio, ni multa administrativa. No existe por parte del gobierno respeto ni defensa de la Constitución del 78; solo el juego oportunista con dos raseros y dos varas de medir, y el coqueteo impúdico con el viejo fascismo como tentación recurrente.
Paradojas de la situación: el medio Parlament secesionista catalán se desacreditó el pasado día 6, en una sesión en la que faltó al respeto a la mitad de los catalanes por lo menos, y seguramente a bastante más de la mitad. Pero el gobierno central ha corrido a desacreditarse a su vez, con la persecución implacable de sombras de urnas y papeletas, y moviendo hasta el centro del retablillo a Don Cristobita enarbolando el garrote de la retención de los dineros de Catalunya para gastos corrientes.
No estoy por aventuras secesionistas, y tampoco tengo intención de callar delante de la tentación recurrente del fascismo. Este no es un problema de Catalunya, es un problema de toda España. Antes del 1-O como después del 1-O.
Delenda est Mariano.
 

viernes, 15 de septiembre de 2017

EL SINDICALISTA ANTE EL ESPEJO


Lo normal es que el secretario general de un sindicato sea elegido en un congreso. Entrar en el cargo de otra forma es mucho más complicado.
No es que no sea complicado en sí mismo ejercer una secretaría general cuando se parte de unas resoluciones aprobadas y convertidas en consecuencia en ley interna; de la puesta en práctica de un programa ampliamente discutido, y respaldado por unas votaciones consistentes; de una dirección homogénea salida de una lista mayoritaria.
Cuando no hay nada de eso, sino una crisis profunda de dirección, con un secretario general dimitido y una organización desnortada en la que pretenden hacer presa toda clase de ambiciones, se necesita mucha convicción, mucha capacidad de explicación y mucha sangre fría para cumplir con éxito relativo (el éxito siempre es discutible; hay en todos los casos quienes ven la situación al revés) el mandato recibido.
Bruno Trentin tuvo esa capacidad de explicación, esa convicción y esa sangre fría. El anterior secretario general de la CGIL, Antonio Pizzinato, había presentado su dimisión, que tuvo una acogida «demasiado desenvuelta y glacial», según escribe Bruno en su diario (Amelia, domingo 27 septiembre 1988). El texto sigue así: «Se ha abierto la consulta sobre el nuevo secretario general en una atmósfera tensa, llena de críticas recíprocas, de recriminaciones, de peticiones sinceras de cambio que se mezclan con maniobras de baja estofa e intentos contradictorios de desquite y de escalada al poder.»
El órgano de consulta propuso a Trentin como nuevo secretario general de la confederación, el siguiente lunes, día 28. Él señala en su diario (entre otras cosas que no corresponden a este comentario) «muchas incertidumbres sobre la posibilidad de contribuir de modo eficaz a curar al enfermo, habida cuenta de las complicaciones secundarias que hoy presentan una gravedad mayor que el mal originario.» Y añade la siguiente frase: «Temo además por mi actitud de “pararme, leer y reflexionar” en el curso de las tareas que me esperan, y de saber, por tanto, discernir las cosas que cuentan, a las que garantizar un futuro, y las “accesorias”, los datos contingentes respecto de los cuales son posibles las componendas más desprejuiciadas. Veremos.»
El 6 de diciembre, desde Bruselas, una queja: «Me falta tiempo para leer e incluso para informarme. Debo defenderme, o acabaré como un juguete roto.»
 El 10 del mismo mes: «El Consejo general espera quizá demasiado, y corro el riesgo de perder el sentido de las cosas esenciales, de las prioridades y de la esencialidad verbal.»
La batalla por una nueva dirección y por un sindicato de programa se prolonga y se enreda a lo largo del año 1989 con la crisis política del socialismo real que desemboca en el derrumbe de los países del Este europeo. Abundan en el diario anotaciones del tipo «calendario frenético», «semanas difíciles», «jornadas tristes y convulsas, llenas de pugnas subterráneas, de peleas mezquinas y también de mucha cobardía. Es muy fatigoso trabajar sin un mínimo de entusiasmo.» El 1 agosto, desde Tavera, señala «la resistencia salvaje de la derecha conservadora presente – y finalmente consciente – en el grupo dirigente de la CGIL, manifestada sobre todo en la organización de una fuga de noticias y de una campaña de prensa sobre mi vocación autoritaria, en busca de quemar mis propuestas a través de su divulgación como un ultimátum por mi parte. Una lección, aunque no ha sido una sorpresa. No tengo nada que perder y nada que esperar, y estoy decidido a mantenerme firme, al menos para afirmar la legitimidad de una batalla política contra cualquier forma de sectarismo y de enfeudamiento del poder en los grupos dirigentes.»
30 septiembre: «Tiempos borrascosos.» Continúa, en suma, «el pequeño cabotaje corporativo, la búsqueda afanosa de un puerto para la legitimación de los aparatos burocráticos centrales y para un enfoque mercantil de los grandes temas de la política, que envilece la misma imagen del sindicato… He provocado una polémica demencial (¡estalinismo!) pero balbuciente, por haber dicho estas cosas en el último C.D. de la CGIL, en el que hablé de una cultura de comerciantes de alfombras. Y no me arrepiento.» «De aquí al pequeño cabotaje en la política cotidiana (¡en lugar de una alternativa de programa!) no hay más que un paso.»
Bruselas, 19 octubre: «Todo ocurre en un largo túnel, sin luz pero sin tormentos: es solo un tubo con una entrada y una salida, sin nada en el interior. Solo falta la luz…»
Amelia, 5 noviembre: «Poner orden en las propias ideas, identificar un trayecto autónomo con sus prioridades y sus etapas, alcanzable con realismo: es la tarea nada fácil a la que me enfrento, pero que al mismo tiempo es ineluctable. Retroceder o aceptar demoras sería un suicidio. Prefiero caer de pie que acabar en la administración miserable de una crisis deshilachada, sin metas y sin objetivos.»
Hay más anotaciones de este tipo, más concretas incluso, en el diario. El resultado del largo forcejeo contra toda clase de resistencias (no solo por parte de la componente socialista de la CGIL; también de la “veterocomunista” según el término utilizado por él mismo), vale la pena de consignarlo. El lector interesado encontrará la intervención, muy explícita, de Bruno Trentin en el Congreso de Rímini de febrero de 1991, aquel en que el PCI dio paso al PDS; y junto a ella, en Anexo, el Programa de la CGIL adoptado a partir de los trabajos de la Conferencia de Chianciano.
 

jueves, 14 de septiembre de 2017

IGUALDADES Y DIVERSIDADES


No me extrañó la salida de pie de banco de Susana Díaz en relación con la plurinacionalidad de España argumentada por Pedro Sánchez (les recuerdo: «Andalucía no es menos nación que Cataluña, Euskadi o Galicia»), porque en Susana el analfabetismo político y el populismo arrabalero van siempre unidos en admirable coyunda. Andalucía no ha de ser menos que nadie. De acuerdo. Hay dos modos de conseguirlo: uno, aspirar al máximo en todo; otro, segar la hierba en torno a cualquier intento de diversidad, no vaya a ser que lo distinto de lo nuestro resulte, en alguna manera o dimensión, también mejor. El café para todos satisface íntimamente a Susana, aunque se trate de café de achicoria.
La igualdad que predicó la Revolución Francesa, la igualdad que preside cualquier planteamiento de fondo en democracia, no es el equilibrio perfecto en los resultados finales, sino una igualdad en la línea de partida de la carrera, una igualdad de oportunidades. Con las oportunidades, después cada cual podrá hacer de su capa un sayo; pero no es de recibo que, al tiempo que malbarata lo suyo, mire de reojo al vecino y chille cuando le parece que este ha podido conseguir alguna ventaja comparativa.
Es un axioma reconocido que la equidad exige tratar de forma diversa las situaciones de partida también diversas. Cuando se plantea un problema de este género, es necesario establecer asimetrías y prever compensaciones adecuadas, al modo como se establecen hándicaps en el peso que llevan las yeguas en una carrera en el hipódromo. A la postre, unas llegan a la meta antes que otras, y las primeras reciben premios que no tocan a las que llegaron después. Es el modo normal de funcionar las cosas en una situación de pluralidad. La pluralidad, la diversidad de situaciones de partida, no entraña privilegio. Si hay privilegio, este debe ser corregido.
Quienes, como Susana, propugnan un reparto igual de los premios, haya sido el que haya sido el esfuerzo de los participantes, son meros oportunistas; no favorecen la solución de los conflictos nacidos de la diversidad, sino que ponen palos en las ruedas de cualquier cambio y de cualquier progreso colectivo, porque su solución ideal está ya dada de antemano: todos iguales, todos lo mismo.
Existen desigualdades rampantes, no ya entre comunidades, sino en el interior de cada comunidad. En particular, existen también en Andalucía. Hay privilegios establecidos por la tradición, por la religión y por el respeto debido; hay desigualdades internas feroces de renta, de acceso al bienestar, de oportunidades. Todo lo cual, se diría que no llama la atención de Susana. Y es que tiene la vista fija en el exterior, ojito que nada se mueva por ahí.


Posdata urgente: Un amigo me avisa de la confusión posible entre lo que pretendo decir y lo que se me entiende. Es cierto. No pretendo justificar de ninguna manera la consolidación de "ventajas" de desarrollo catalanas frente a atrasos andaluces debidos de alguna manera a sus propias culpas; sino mirar de establecer, aquí y ahora, igualdades "de partida" en una estructura del Estado que dé a la historia lo que es de la historia, pero asegure las mismas oportunidades de desarrollo a todas las nacionalidades y regiones, para emplear los términos de la Constitución. Por la vía de la federación y de la cooperación; de las asimetrías y las compensaciones oportunas. Con la debida procura de igualdad y el debido respeto a la diversidad. Lamentaría que se entendiera de otro modo.



 

martes, 12 de septiembre de 2017

DIADA





Un chusco ha tuiteado que siempre confunde la Diada con la Odisea. Este año tocaba odisea y Carmen y yo, dada nuestra alergia a las estelades, que nunca han sido nuestra bandera, decidimos honrar el día de Catalunya en un rincón catalán que, cosas de la historia, está en otro Estado. Perpinyà es tan catalana como Barcelona, tan orgullosa de su singularidad cultural (allí, París hace las veces de Madrid con un celo parecido), tan diversa y acogedora.
Hace poco se ha inaugurado un Museu Jacint Rigau (Hyacinthe Rigaud), en el palacete Lazerme, a dos pasos mal contados de la plaza Arago. Vale la pena del viaje, aun si no estuviese además a menos de un tiro de piedra del Castillet, de la Loge, de la escultura de Maillol en el patio del Hôtel de Ville, de la catedral y el cementerio anejo, del teatro y la casa Xanxo, de las calles estrechas y las plazas recoletas que son el corazón del viejo Perpinyà, tan catalán y al mismo tiempo tan francés, misterios de las simbiosis.
Quizá les cuente otro día alguna historia sobre el pintor Rigaud, retratista de pelucas en la corte francesa a principios del setecientos, y sobre las demás piezas importantes contenidas en el nuevo museo, muchas de ellas procedentes del lado de acá de los Pirineos, desde los fragmentos supervivientes de un retablo gótico del Mestre d’Albocásser hasta las esculturas de Manolo Hugué o de Julio González (muerto en Arcueil, Francia, en 1942), las pinturas y algún objeto inclasificable de Antoni Clavé (muerto en Saint-Tropez, Francia, en 2005), o los tapices de Josep Grau-Garriga (muerto en Angers, Francia, en 2011). Una catalanidad dispersa lejos del campanario local, con las marcas del exilio y la impronta de lo universal.
Lo universal; es decir, donde ha estado Catalunya antes de las estelades, y donde se la espera. En la exposición temporal “Picasso i Perpinyà. El cercle íntim, 1953-1955” (Pablo Picasso murió en Mougins, Francia, en 1973) nos topamos Carmen y yo con un símbolo acabado de esa catalanidad radiante y expansiva: la Sardana de la Pau, pintada por Picasso en Ceret en 1953. La tienen ustedes en el encabezamiento de este post. Ojalá pronto vuelva a ser ella el mensaje de Catalunya al mundo, desde las Diadas y más allá de las Odiseas.
 



domingo, 10 de septiembre de 2017

ROMPER LAS PELOTAS EN SEDE PARLAMENTARIA


En el blog de aquí al lado, José Luis López Bulla ha pedido a Joan Coscubiela que, para favorecer la causa del bien común, siga en la política institucional – en el Parlament – cuando menos la próxima legislatura. Joan, como ustedes saben, ha anunciado su intención de no repetir como candidato.
Yo respaldo la petición de José Luis, pero solo a medias. Sería inconsecuente conmigo mismo si lo hiciera, porque en su momento, en una coyuntura en la que yo mismo pasaba por un trance personal de bastante amargura en relación con la política, aconsejé a Joan que no entrara en semejante berenjenal, y que si lo hacía fuese en corto, por derecho, y el menor tiempo posible.
En política institucional hay personas que, a falta de otros saberes más útiles a la comunidad, son expertos en romper las pelotas de los adversarios. Pondré tres ejemplos, no sea que, dada la oscuridad habitual con la que me expreso, no se me haya entendido bien la expresión.
Pongamos que hablo de Jordi Orobitg, de JxSí. Después de una memorable intervención de Coscubiela en sede parlamentaria contra ese pingo jurídicamente impresentable al que llaman pomposamente “referéndum unilateral de independencia”, Orobitg señaló: «Hay personas que soñaron que serían ovacionadas como secretarios generales del politburó y han acabado siendo aclamadas por la derecha más reaccionaria.» No seré yo quien tenga que explicar al ínclito portavoz que tal cosa como un politburó jamás estuvo presente en nuestras latitudes, que Coscu jamás aspiró a otra secretaría general que no fuera la del sindicato, que no hay persona más impermeable a las ovaciones del tipo que sean, y finalmente que la “derecha más reaccionaria” a la que él señala es justamente aquella en cuya santa compaña ha votado en Madrid su grupo de manera consistente, desde los alegres tiempos de euforia del “president” por antonomasia, hasta ahora mismo.
Pongamos que hablo de Gabriel Rufián, que acusa a Coscu de “no tener callos en las manos”. Extraña acusación a un sindicalista y abogado laboralista, por parte de quien coloca la bandera estelada por encima de los derechos sociales, y acepta por compañeros de viaje a Ítaca a los hereus de la gran burguesía barcelonesa sabiendo, mejor que nadie dada su proximidad, que para ellos la aventura del procès no es otra cosa que un expediente “astuto” a través del cual prolongar una hegemonía cultural y financiera cuestionada hoy en el cap i casal.
Pongamos que hablo de Albano Dante Fachin, francotirador contra su misma trinchera, víctima de celos patológicos y de ansias frustradas de popularidad. En una sesión parlamentaria borrascosa en la que se debatía la convocatoria del seudorreferéndum y una ley de transitoriedad zafia y totalitaria, su principal preocupación fue la de intervenir a toda costa para dejar clara la pluralidad de pareceres en el seno de su propio grupo. Desdeñó aplaudir la intervención del portavoz, y ha pedido su dimisión en nombre de la “democracia”. ¿Dónde está buscando la democracia este hombre?
Resumo. Al parlamentario Joan Coscubiela le pediría el sacrificio inmenso de seguir, siquiera por el bien de la claridad y la coherencia; al amigo Coscu, no me atrevo a pedirle que continúe cuatro años más como blanco favorito de los eternos rompedores de pelotas.
 

viernes, 8 de septiembre de 2017

TRABAJO NO SUJETO A IMPOSICIONES DEL CAPITAL


La vida va a continuar después del 1-O, por más que las apetencias apocalípticas de los medios, así españolistas como catalanistas, nos impongan diariamente la versión contraria. El “choque de trenes” no va a dar de sí, en realidad, para tanto. Se puede contemplar esa fecha límite con el mismo escepticismo que Stanislaw Lec plasmó en tan solo ocho palabras referidas a otra fecha límite mucho más tremenda y definitiva: «No esperéis gran cosa del fin del mundo.»
Con cierto ánimo pasota, entonces, y dado que una norma de higiene mental indica la conveniencia de mantener de forma permanente el órgano del raciocinio en buen estado de funcionamiento, he empezado la lectura de los Diari 1988-1994 de Bruno Trentin (Ediesse, 2017).
En sus anotaciones del lunes 8 de octubre de 1988, el sindicalista y filósofo social italiano reseña un libro “muy débil” de Erich Fromm, La conception de l’homme chez Marx. Salva del conjunto, sin embargo, un «filón libertario del pensamiento socialista, que bajo la fórmula del existencialismo marxista se contrapone a la concepción meramente redistributiva y totalitaria del materialismo dialéctico y del igualitarismo vulgar.»
Fromm – dice Trentin – considera que el mayor error de comunistas soviéticos, socialistas reformistas y adversarios del socialismo, consiste en concebir la obra de Marx como un programa para el progreso económico de la clase obrera, que incluye la abolición de la propiedad privada con el fin de repartir entre los desposeídos los medios de producción ahora en manos de los capitalistas. Al respecto, Fromm cita un pasaje de los Manuscritos de Marx que Trentin copia en francés en su diario, después de adjetivarlo de “bella citazione”.
Este es el pasaje, en castellano , en traducción de Francisco Rubio Llorente (Alianza Editorial, Madrid 1968): «Un alza forzada de los salarios, prescindiendo de todas las demás dificultades (prescindiendo de que, por tratarse de una anomalía, solo mediante la fuerza podría ser mantenida), no sería, por tanto, más que una mejor remuneración de los esclavos, y no conquistaría, ni para el trabajador ni para el trabajo, su vocación y su dignidad humanas.
  »Incluso la igualdad de salarios, como pide Proudhon, no hace más que transformar la relación del trabajador actual con su trabajo en la relación de todos los hombres con el trabajo. La sociedad es comprendida entonces como capitalista abstracto.»
El objetivo (añado yo) no es entonces la remuneración del trabajo “esclavo”, sino la apropiación por parte de los trabajadores de los contenidos, las formas y los saberes relacionados con el trabajo en libertad. Ese es el avance real, y ese es el gran mensaje de Trentin, consecuente con Marx. Ahí cabe toda la concepción ambiciosa de un sindicalismo de los derechos, “general” en el sentido de que convierte al sindicato en un sujeto político determinante, por su capacidad para abarcar, más allá de la clase social de la que se nutre, toda una organización nueva, solidaria e inclusiva, de la sociedad en su conjunto.
 

jueves, 7 de septiembre de 2017

"ESTO" NO FUE NUESTRA UTOPÍA


Mientras la mayoría parlamentaria de Catalunya sigue practicando alegremente la política del destrozo institucional sin reparar en gastos, voy a detenerme en un asunto menor, pero sustantivo. Un grupo de ex militantes del PSUC, al que el periodista Quico Sallés da el nombre de “(simbólico)”, así en paréntesis, él sabrá por qué, ha publicado un manifiesto a favor del referéndum convocado – ya, y del modo que se sabe – por la Generalitat para el 1-O.
Yo también soy ex militante del PSUC y respeto mucho a los firmantes (con la mayoría de ellos he compartido muchas jornadas de actividad política), pero el titular del manifiesto contiene un grueso borrón. Dice así: «El 78 no va ser possible. Ara podem.»
Descarto el comentario a la segunda frase. Personalmente no creo que puedan, pero tampoco es mi intención chafarles la guitarra a las primeras de cambio. El manifiesto fue emitido antes de la sesión de ayer en el Parlament; como se trata de personas sensatas, ellas/os sacarán las consecuencias pertinentes.
Mi objeción va dirigida a ese «El 78 no va ser possible.» ¿No fue posible el qué? ¿Un referéndum que nadie pidió? ¿Una independencia que no estaba en ningún programa? Si volvemos con el recuerdo (y se trata de un ejercicio tan sano como provechoso) a aquellas movilizaciones, en las que ellas/os y yo, juntos, repartimos octavillas en las estaciones de metro, hicimos pintadas nocturnas en tapias propicias y corrimos a pies para qué os quiero delante de los “grises”, los cuatro puntos reivindicados por la Assemblea de Catalunya (la de entonces, no la “marca blanca” actual) fueron: Llibertat, Amnistia, Estatut d’Autonomia i Solidaritat amb la resta dels pobles d’Espanya.
Todos los puntos fueron posibles. Los cuatro. Si algunos escondían en la manga una carta más, distinta, no la enseñaron en aquellas fechas, y es de mal gusto hacerla aparecer ahora. Porque al actuar así, se están apropiando, desvirtuándola, una lucha multitudinaria y al cien por cien democrática que fue patrimonio de muchas más personas que no pensaban exactamente igual que ellas/os.
Personas no unánimes, cierto, pero sí capaces de confluir en unos objetivos “de mínimos” claros, debatidos conjuntamente, compartidos e inequívocos.
 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

VIOLACIÓN EN GRUPO


Séame permitido romper una lanza en favor de la mujer que ha deseado para Inés Arrimadas una violación en grupo. Una lanza tan solo, y ni siquiera muy gruesa. Inés Arrimadas cuenta con todo mi respeto y mi admiración, aunque no con mi voto. Creo que hace muy bien en demandar ante los tribunales de justicia a quien le ha deseado un mal tan grande y tan retorcido; siquiera sea porque no es admisible que las redes sociales alberguen de rositas expresiones de odio tan desaforadas. Me parece necesario poner coto a los insultos y a las expresiones públicas de malevolencia enfermiza que imperceptiblemente han ido creciendo en la red hasta alcanzar unas magnitudes alarmantes.
Pero (aquí está la lanza que rompo), en este caso la ofensora ha hecho públicos en la red su nombre y sus dos apellidos. No se trata de un troll, que escupe un veneno incluso más nocivo – amenazas de muerte – al amparo del anonimato. Su aparición en facebook le ha costado, de momento, su empleo (temporal) en una empresa inmobiliaria. Lo visceral ha rebasado en su caso los límites razonables de la prudencia.
Puede tratarse de un caso psicopatológico. Encarezco que se examine esta faceta o circunstancia particular de lo que en los tribunales será caracterizado como un delito de odio.
Existe un mecanismo muy conocido en psicoanálisis, el de la proyección de deseos reprimidos inconfesables. Hay un caso literario proverbial. André Gide reprochó a Marcel Proust la imagen abyecta y repugnante que había dado de la homosexualidad en la descripción de una escena sadomasoquista durante la cual el barón de Charlus era atado y azotado en un burdel para hombres. La cara de sorpresa de Marcel reveló de pronto a André que la escena no le parecía a su colega ni tan abyecta ni tan repugnante como a él mismo.
Pues bien, en hipótesis, cabe la posibilidad (subrayo que aquí estoy hablando de hipótesis y de posibilidades) de que la ofensora, impulsada por la combustión acelerada de una indignación provocada por las manifestaciones televisadas de la ofendida, haya proyectado en esta última su propia falta de autoestima (la convicción profunda de ser “una perra asquerosa”) y la fantasía reprimida de ser objeto de una agresión sexual grupal.
Los hechos calificativos del delito no variarían en sustancia, pero una terapia adecuada podría mejorar sustancialmente la visión del mundo y de sí misma de una mujer que, en el acto de atacar a otra con una vehemencia furiosa, ha quedado expuesta sin remisión al juicio público y severo de sus conciudadanos.
 

martes, 5 de septiembre de 2017

LA ACELERACIÓN DEL DESAGUISADO


Los datos de empleo del pasado mes de agosto han sido peor que malos: indisimulables. Tomás Burgos, secretario de Estado de la Seguridad Social, ha tenido que recurrir al concepto de “estacionalidad” para explicarlos. Alega dicho alto funcionario que el final del verano cancela muchos empleos en los servicios relacionados con el turismo, mientras que «aún no se ha reanudado la actividad en sectores que tradicionalmente sufren un parón en verano (construcción, industria) y que se espera tengan un comportamiento muy positivo.»
La parrafada del señor Burgos merece por lo menos tres notas a pie de página: 1) Estacionalidad la ha existido siempre, pero esta ha sido la peor estacionalidad de toda la serie histórica desde el año de la crisis, 2008. 2) El “parón” de la construcción y la industria en los meses de verano era tradicionalmente un parón en el ritmo de la actividad productiva, no de descenso en los índices de empleo. Así sucedía antes, cuando el mercado de trabajo estaba sujeto a “rigideces” insoportables en la fijeza de las plantillas; ahora cualquier mínimo parón en la marcha de los negocios se resuelve con cartas de despido a mansalva. 3) La esperanza de que construcción e industria tengan “un comportamiento muy positivo” en breve plazo no es una previsión fundamentada, sino una jaculatoria, del estilo de “¡Ojalá que llueva café!” El gobierno abusa de este tipo de jaculatorias. Mientras los fondos previstos en los presupuestos generales para I + D quedan por lo general intocados (cuando menos para el destino que se les preveía), los pronósticos de los expertos en cuanto a la marcha de la economía mantienen siempre la misma nota optimista respecto del futuro, basada en exclusiva en el mantra de la sabia autorregulación de los mercados.
Si la economía política… (acoto: este enunciado era normal en mis tiempos de estudiante; hace mucho, sin embargo, que economía y política se han desenganchado. Recientemente Mariana Mazzucato, la persona más odiada en Silicon Valley, ha vuelto a reclamar en sus libros, artículos y conferencias, la necesidad urgente de un “Estado empresario” que promueva y financie el desarrollo de la economía en una dirección conveniente y sostenible.)
Si la economía política, repito, no se dirige desde las maquinarias estatales hacia ningún objetivo previamente fijado; si disminuye la inversión pública y no se incentivan ni la investigación, ni el desarrollo ni la innovación, resulta ocioso proclamar que “estamos en el buen camino”. El “buen camino” solo significa la deriva de los negocios a favor de la corriente. Los “buenos resultados” solo van referidos a la recogida de beneficios de las grandes empresas, no a ningún otro indicador, ni de producción, ni de empleo, ni de bienestar social.
Dicen los resultados del mes de agosto que el paro ha aumentado en 46.400 personas, y la cifra de afiliados a la Seguridad Social ha disminuido en 179.485 unidades. En lo que se refiere a nuevos contratos laborales, menos del 8% han tenido el carácter de fijos (115.382), por más de un 92% temporales (1.421.018). Pero ni siquiera todos los empleos fijos han sido enteramente fijos; de ellos, 34.567 lo han sido a tiempo parcial. Las mujeres, como es tradicional también, encabezan con diferencia las estadísticas del trabajo a tiempo parcial. No es un tipo de empleo deseado por ellas; es el único que se les ofrece, su única posibilidad de mantenerse en el mercado de trabajo.
A pesar de todo, la ministra Fátima Báñez ha declarado que el “nuevo” trabajo es de mayor calidad que el “viejo”. Solo cabe entender esta afirmación como una charada. La ministra está haciendo juegos de palabras. Juegos de salón, evidentemente, porque en la intemperie estas declaraciones suenan bastante peor que dichas al calor de un círculo empresarial.
Un artículo editorial en elpais de hoy titula «Desaceleración laboral». Es un ejemplo del lenguaje y los preconceptos utilizados por los economistas más o menos afectos a la corriente neoliberal. Hablar de desaceleración implica el presupuesto de que en algún momento se ha acelerado en el terreno del empleo. Donde sí se ha acelerado, y se ha seguido acelerando el pasado mes de agosto, ha sido en la precariedad. Este es el único hecho constatable. Hay más empresas que nunca, con menos trabajadores que nunca. Hay récords históricos en la recogida de beneficios de las empresas puntales del sistema. Siguen acentuándose las diversas dualizaciones del mercado de trabajo. No aparece ningún propósito de enmienda por parte del gobierno de la nación.
Seguimos, entonces, en la aceleración del desaguisado.
 

lunes, 4 de septiembre de 2017

LOS MILAGROS NO SON LO QUE ERAN


En relación con la independencia de Catalunya, el president Carles Puigdemont ha dicho que todo el mundo siente íntimamente que esta vez va la vencida. Tiene razón, claro, pero solo si se identifica correctamente cuál es “la vencida” en el envite.
El problema de fondo en este asunto es que ya no hay milagros, y caso de haberlos, no son lo que eran.
Permitan un ejemplo de mi experiencia personal en relación con el anterior enunciado. Recorríamos la Ribeira Sacra del río Sil, hace ya algunos años, y paramos a visitar el monasterio de San Pedro de las Rocas. Luego de una agradable visita, bajamos por un sendero a la sombra de los árboles de la ribera hasta llegar a la fuente de San Bieito, que tiene un agua fresca y gustosa.
“Además, esta agua es milagrosa”, nos dijo un visitante o peregrino local. “Ah, ¿sí? ¿Y qué milagros hace?” “Alisa la piel y quita las verrugas”, explicó el hombre. “Eso tiene más de medicinal que de milagroso”, le retruqué yo, consecuente con mi eterna tendencia a la pedantería. Y él: “No. Es milagrosa, porque solo cura si se bebe con fe.”
De cuyo razonamiento se deduce que el agua milagrosa puede menos que la medicinal, porque esta última surte efecto en todo caso, y la primera solo sub conditione.
Los grandes milagros, en tanto que acontecimientos que contradicen todas las expectativas racionales, apenas si ocurren ya. Antes era otra cosa. El profeta Elías no murió, sino que Yaveh lo arrebató a los cielos en un carro de fuego. Luego lo sentó a su diestra o a su siniestra, no lo recuerdo bien y tampoco tiene una gran importancia.
Yo soy libre de cifrar mis esperanzas de inmortalidad en un prodigio parecido al del profeta Elías, pero me siento más bien escéptico al respecto. Sé que mis probabilidades de no morir, en una escala de cero a cien, son más menos igual a cero. Es lo que hay. No es que descarte definitivamente ningún prodigio, pero no me asomo todas las mañanas a mirar por la ventana si hay un carro de fuego aparcado en el chaflán. Me falta fe, qué quieren.
En el asunto de la independencia de Cataluña las probabilidades racionales de un resultado positivo también vienen a ser de más menos igual a cero. Pero el president Puigdemont está haciendo un alarde de fe “a machamartillo”, como proponía (respecto de otras liturgias) don Marcelino Menéndez Pelayo. Por su parte doña Soraya Sáenz de Santamaría declara que el gobierno quitará las urnas caso de que se pongan, pero guarda en secreto la estrategia de cómo lo hará. Nadie quiere dar pistas en esta partida de la gallina ciega.
Un último retruécano: uno de los dos bandos sostiene que el gesto de poner las urnas es democrático en sí mismo, y el de quitarlas es, por la misma razón, antidemocrático. El bando contrario sostiene, sin embargo, que lo antidemocrático es poner las urnas, y que al retirarlas el propósito principal que se persigue es preservar la democracia.
No me creo ni a unos ni a otros. El problema es mío, seguro. Ya lo he dicho antes: me falta fe, qué quieren.
 

sábado, 2 de septiembre de 2017

¡SE SIENTEN, COLUMBRES!


Válgannos Dios todopoderoso y los santos de la corte celestial, el presidente del gobierno me plagia.
Leo en lavanguardia que en la clausura de la interparlamentaria del PP celebrada en Valencia, Mariano Rajoy ha lamentado que el Govern de la Generalitat “parece secuestrado por radicales decididos a vivir en la intolerancia”. Ahora bien, retrocedan ustedes un par de páginas en este mismo blog y comprueben quién fue el primero en hablar de secuestro referido a Catalunya.
No tengo lo que se llama pruebas fehacientes de que Mariano lea mis posts, a escondidas y en la intimidad, por supuesto; este en concreto puede haberlo leído en Nueva Tribuna o en Metiendo bulla, dos publicaciones digitales de campanillas que han tenido la gentileza de reproducir mi texto citando a su autor. Mariano no ha gastado esa delicadeza, y debo añadir que tampoco la esperaba de él. Además, su caracterización del “secuestro” catalán difiere bastante de la mía. Era de esperar, y no se lo reprocho. Sería para mí muy duro coincidir con él no solo en el uso de una palabra concreta, sino en el fondo del argumento. Supongo que a él le ocurre a la recíproca.
De cualquier forma, el pretendido secuestro del Govern catalán por unos radicales (entiendo que Mariano se refiere a las CUP; se aprecia en sus últimos speeches un cuidado exquisito en no entrar al cuerpo a cuerpo con los Junts pel Sí) tendría, a mi entender, una salida relativamente fácil si del gobierno central emergiera alguna propuesta concreta de negociación de la situación creada después de una larguísima secuencia de inmovilismo y cerrazón de todas las partes contratantes. Ahora mismo, no hay planteado nada sobre la mesa metafórica de ¿negociación? Nada, excepto la amenaza de don Cristobita Montoro de cerrar el grifo de las transferencias si el Govern persiste en sus intenciones de poner las urnas. El palo sin la zanahoria. No sería, lo digo desde la mayor prudencia, la manera más eficaz de granjearse el afecto de los catalanes de uno u otro signo, ni de aunar voluntades en busca de una solución eficaz para la degradación creciente de la economía y las infraestructuras de esta porción concreta del país.
¿Es imposible el intento de acercar posiciones? ¿Espera el marianismo extraer aún algunas migajas de apoyo electoral mediante la provocación de una catástrofe humanitaria en Cataluña? ¿Plantea convertir toda la actual autonomía en una simple pedanía administrativa de Vicálvaro o de San Sebastián de los Reyes? ¿Se silbará a Gerard Piqué en el Bernabeu, también esta noche? Son incógnitas que dejo en el aire, para que el paso del tiempo las desentrañe. As Time Goes By, como cantaba el fiel Sam en Casablanca.
Concluyo, por más que sin tricornio ni pistola en mano, con el ladrido furibundo que lanzó aquel demócrata peculiar, el coronel Tejero, en plena sede de la sagrada soberanía nacional, hace ya unos cuantos años: "¡Se sienten (a negociar), columbres!"
No era exactamente “columbres”, pero quienes guarden memoria de aquellas jornadas me entenderán. Y si el presidente del gobierno habla de columbres de aquí a un par de días, tendremos la prueba efectiva de que Mariano me está plagiando.
 

jueves, 31 de agosto de 2017

ADIÓS A LAS ARMAS


Tengo delante una de las cartelas que se repartieron en la manifestación unitaria contra el terrorismo. Fue Carmen quien tuvo los reflejos necesarios para tomarla de manos de la chica que las ofrecía. Había grandes montones de ellas, en formato cartoné con palo, y papel couché sin palo.
– ¿De dónde sale esto? – preguntó Carmen a la suministradora.
– No sé.
– No lleva logo ni pie de imprenta.
– No sé.
– Pero ¿a ti quién te lo ha dado para que lo repartas?
– No sé.
Mariano Rajoy no es el único que no sabe/no contesta las preguntas incómodas.
La cartela dice así: «Imagina un país que no vengui armes» (Imagina un país que no venda armas.)
Puedo imaginarlo, pero no es Catalunya, hasta el momento. Catalunya exporta armas por un volumen aproximado de la cuarta parte del total español. En 2016 fueron 3.646 toneladas de armamento por un valor de 44,7 millones de euros, equivalentes al 25,18% de la facturación total de España por este rubro. Son datos oficiales de Aduanas, incontrovertibles. Los destinos están también registrados en las estadísticas. En el Top 10 figuran la República Democrática del Congo, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Rusia, Irán, Estados Unidos y Brasil. Si el terrorismo yihadista está alimentado por el suministro de armas y explosivos desde países “amigos”, la culpa de los atentados en territorio catalán/español («Vostres armes, els nostres morts») no es atribuible sin más al impulso que da a ese tipo de tráfico letal el rey Felipe, puesto que la Generalitat catalana tiene, según el Estatut de Autonomía, competencias exclusivas en materia de comercio exterior.
El doble lenguaje, la mala fe, la intención dolosa, son características concomitantes a la aventura processista. El engaño va dirigido sobre todo a la ciudadanía, que es en último término la destinada a pagar la voluminosa factura de la juerga organizada.
La independencia consistía, en palabras de la malograda Muriel Casals, en añadir “un color más” al variopinto mapa de Europa. Se ocultan detalles menos idílicos, más punzantes. Puigdemont, siempre un poco a su aire, tal vez porque tiene previsto desaparecer por el foro a los seis meses justos de no se sabe qué, ha declarado que conviene plantearse ya la creación de un futuro ejército para la Catalunya independiente. Que se sepa, tal cuestión no está contemplada en el borrador de Constitución, según el cual el novel Estado será una reedición del Strawberry fields for ever. Junqueras ha dado rápidamente el alto al president para mantener el oxímoron oficial: en el Estado catalán independiente, un ejército “no tendrá sentido”.
Que baje de las cumbres sagradas la Moreneta, y nos lo explique.
 
PD.- Se nos ha muerto de cáncer Montserrat Avilés, símbolo y compendio de la labor tutelar ejercida desde los despachos laboralistas durante y después de la dictadura franquista. Constato que, sobrepasado el umbral de los setenta años, aún conservo la capacidad de sentirme de pronto un poco más huérfano.
 

miércoles, 30 de agosto de 2017

SECUESTRO DE CATALUNYA


Sigue adelante el viaje a ninguna parte emprendido por el Govern de Catalunya, que exprime todo el jugo posible a una mayoría circunstancial en un Parlament partido en dos. Se acumulan y se aceleran los gestos de desafío al Estado y a la Constitución, adornados con los rictus furiosos de los boxeadores en el acto del pesaje, y desde la conciencia, como les ocurre a estos últimos, de que una vez en calzón corto y encerrados en el cuadrilátero, las cosas tomarán un carácter muy distinto.
En el Parlament, una mayoría inverosímil desprecia a la mitad menos uno del arco parlamentario y tira adelante con un proyecto utópico sin consensuar ningún contenido, sin atender a los sondeos que repiten de forma insistente que la opinión no quiere eso, sin respetar ninguna de las formalidades habituales en democracia. La aceleración vertiginosa que imprimen las CUP a estas “gesticulaciones” gratuitas (la expresión es de Joan Coscubiela) parece dirigida a dificultar la organización de las respuestas lógicas y naturales a tanta cara dura y tanto senfotismo. A quien pone reparos a ese inmenso desahogo lo acusan de aguafiestas.
La ley de transitoriedad ha sido aprobada antes incluso del referéndum, anunciado pero aún no convocado. En contra estaba el parecer de los propios expertos del aparato, pero se ha tirado adelante con los votos consabidos y se anuncia que el proyecto de ley será mantenido en la nevera “hasta el momento oportuno” para impedir la reacción previsible de los tribunales. ¿Se quiere desmontar la legalidad institucional solo a base de astucia? ¿Qué sucederá cuando los púgiles suban al ring y la campana anuncie llegado el momento de las bofetadas en serio? ¿O también se tiene previsto un subterfugio para tal evento, de modo que el mundo sepa que Catalunya es independiente sin que el Estado español haya llegado aún a enterarse?
¿Y qué se piensa que ocurrirá en el momento siguiente a la declaración solemne de independencia? Los síntomas son alarmantes; la legislación transitoria que está emitiendo el Parlament es de una calidad democrática ínfima. Infumable, por si no ha quedado claro en la frase anterior. Hoy coinciden en decirlo en lavanguardia Lluís Foix y Xavier Arbós. En elpais, Xavier Vidal-Folch advierte de que nuestra pretensión de emular a Dinamarca en cuanto a libertades y nivel de vida, está degenerando en una aproximación acelerada al modelo polaco: autoritarismo a palo seco y un tenue olor a racismo soterrado bajo la alfombra. La idea en curso entre las elites gobernantes parece ser que en Catalunya cuenta solo la opinión de unos, mientras que la de otros no tiene ningún valor, ni de uso ni de cambio.
Dicha idea se sustenta en un comodín que, como su nombre indica, resulta comodísimo para quienes lo esgrimen. Es la ANC (Assemblea Nacional de Catalunya), que se ha adjudicado a sí misma la representación omnímoda de la sociedad civil catalana. Hay un secuestro a todos los efectos del logo “Catalunya” por parte de la dirección de la ANC. Encabezada por un caballero de cara triste, la Assemblea aglutina de día en día menos consenso y más audacia operativa. No tardará mucho en cambiar la política de las calles repletas de camisetas amarillas por la del manganello. Si en la actividad legislativa del Parlament se advierte, al través del descuido consciente de las formas, un tenue olor a xenofobia, en las propuestas de la ANC y en su negación cerrada de la diversidad como valor civil, se aprecia un delicado esbozo de fascismo en potencia.
 

martes, 29 de agosto de 2017

DESAYUNAR SENTADOS


Puesto a empezar en gran estilo, León Tolstoi abrió su novela Ana Karenina con una frase que ha quedado para todas las antologías presentes y futuras de primeras frases de libro. Hela aquí, ¡tachín!: «Todas las familias felices se parecen, cada familia desgraciada lo es a su manera.»
El problema para nosotros, me refiero a Carmen y a mí, con dos hijos pequeños, contratos por obra en una editorial y militancia clandestina en mi caso, era que no sabíamos si éramos felices o desgraciados, si nos parecíamos a un montón de personas o veníamos a ser un caso aparte. Hoy, estamos en condiciones de llegar a la conclusión aproximada de que éramos más o menos felices, sea lo que fuere lo que signifique tal cosa; entonces, sencillamente, no teníamos tiempo para pensarlo.
Por la mañana despertábamos a los niños, les dábamos unas galletas para que las comiesen mientras se vestían, y les poníamos un vaso de leche delante para que fueran bebiendo. El bocadillo se lo llevaban al cole envuelto en papel de plata. Nosotros nos calentábamos el café con leche y picábamos a toda prisa algún producto de bollería industrial. Luego salíamos disparados, cada uno con un niño de la mano, y una vez depositados en sus destinos escolares confluíamos de nuevo en la editorial.
Almorzábamos en un restaurante de autoservicio, y los niños en la escuela. Una canguro les recogía por la tarde y les metía en la bañera nada más llegar a casa, mientras Carmen hacía las compras y yo corría a cumplir celosamente las obligaciones relacionadas con mi militancia política y sindical. Los niños cenaban con su madre; yo, al albur de la hora en que finalizaran unas reuniones largas y trabajosas. Los niños esperaban en la cama, pero despiertos, mi llegada, escuchando discos de Quilapayún, los Calchaquís o Viglietti. Cuando yo había zampado la cena en dos bocados (me estaba trabajando una úlcera, pero eso llegaría más tarde), me sentaba al borde de la cama de mis hijos y les contaba un capítulo de Peter Pan, su historia favorita. Luego empezó el ciclo del Hobbit, un cuento que por entonces todavía no había sido traducido al español. Yo no leía mi versión en francés; contaba la historia mediante un método interactivo muy satisfactorio, intercalando preguntas para evaluar el grado de comprensión. Mis hijos eran auténticas águilas para desenredar los nudos del argumento que, como se sabe, incluye a elfos, orcos, magos, enanos y dragones.
La nuestra era una vida quizá feliz, o desgraciada, o ninguna de las dos cosas, pero en absoluto sostenible. Muchos fines de semana yo los tenía ocupados, y Carmen y los niños salían de la ciudad para hacer la “función clorofílica”. Si yo no lo necesitaba, Carmen asumía la tarea de conducir el coche, algo que nunca le gustó y que después siempre ha evitado.
Hubo varias crisis de convivencia. Carmen les puso fin con un golpe de autoridad sobre la mesa: desayunaríamos todos juntos y sentados.
El desayuno se convirtió en el centro del hogar. Para emplear la expresión de una buena amiga que afirma creer mucho en la Providencia, aquello fue ciertamente providencial. Mejoró nuestra calidad de vida. Los niños escuchaban en la radio un programa de canciones infantiles según un ranking votado semanalmente por los oyentes. (Ellos siempre votaron la misma canción. Decía: “Coge al gato que a la abuela asustó, casi un infarto causó en su pobre corazón.”) Carmen y yo nos levantábamos de la cama un cuarto de hora antes, que casi ni se notaba, y disfrutábamos de la delicia novedosa del pan con tomate y jamón, mientras saboreábamos nuestro café con leche con pausa. Los nubarrones de tormenta hogareña se alejaron relativamente (nunca se fueron del todo). Desayunar sentados fue un hallazgo.
La moraleja, que dirijo a tantas parejas de edad mediana agobiadas por el reality-show diario de una vida familiar enlatada sin risas de fondo y con chistes de gracia muy dudosa, es que, en contra de la opinión de Tolstoi, muy pocas familias son decididamente felices o desgraciadas. La gran mayoría tienen elementos de las dos cosas, y siempre se parecen en algo aunque cada cual lo lleva a su propia manera. Perseverar en el intento a lo largo de los años exige un esfuerzo fatigoso y nunca suficientemente recompensado, pero separarse tampoco es, en ningún caso, una solución para tirar cohetes.
 

domingo, 27 de agosto de 2017

LA INSOLENCIA DE LOS TROLLS


Estuvimos ayer por la tarde en la manifestación del Paseo de Gracia. La familia al completo. Nuestro retorno a Barcelona, para cumplir lo que considerábamos un deber de civilidad, causó conmoción en la playa de Poldemarx, la mañana del viernes.
– ¿Para qué? – fue la pregunta más repetida. Los portavoces más audaces de la opinión playero-matinal añadieron que aquí deberíamos hacer como en Finlandia, donde prohíben la entrada en el país a cualquier musulmán por el mero hecho de serlo. A mí no me consta en absoluto la exactitud del dato, pero ahí queda como expresión de la temperatura ambiente. No cabe duda de que también en estas cuestiones ha habido un cambio climático brusco.
La reacción irritada allá arriba habría tenido que prepararnos para lo que encontramos en el Passeig de Gràcia. Un bloque compacto de esteladas sostenidas por palos muy largos rodeaba la fuente del cruce con la Gran Vía, el centro estratégico de la visibilidad. Voluntarias/os de edad madura nos ofrecían por cuenta de las floristas de las Ramblas rosas rojas, blancas y amarillas, según el guión previsto; yo elegí una blanca, pensando en el poema de José Martí (*). Y otras/os mucho más jóvenes nos alargaban minipancartas muy bien impresas sobre fondos de colores vistosos reclamando a Felipe acerca de la venta de armas a países árabes. Espontaneísmo organizado. Un acto de expresión de dolor y esperanza convertido por arte de birlibirloque en manifestación reivindicativa contra las autoridades del Estado.
Circulaban grupos de musulmanes con pancartas mucho más humildes, confeccionadas a mano, en las que figuraban las consignas de “No tenemos miedo”, “No a la islamofobia” y “Barcelona somos todos”, en catalán, castellano y árabe. Trataban de hacerse visibles, de transmitir un mensaje obviamente muy importante para ellos (y para todos), pero su presencia quedaba ahogada por el ruido organizado de los trolls.
Puigdemont ha llamado a no magnificar el elemento negativo de la protesta y a respetar la libertad de expresión. Seamos claros: no es libertad de expresión la que obstruye a conciencia la libertad de expresión ajena. Es pura insolencia.
Mi nieto Mijail quería ver al rey (solo ha visto reyes magos en su corta existencia) e incluso nos había preguntado si, al estar delante de él, debía o no decirle algo. Intentamos acercarnos a la cabecera de la calle Caspe, pero fue imposible por la doble rigidez de las medidas de seguridad y del bloqueo estratégico del batallón de trolls.
Nos marchamos pronto del lugar; no eran las seis, oficialmente no había empezado aún el recorrido. Pero las vibraciones eran pésimas. Supongo que este es el medio ambiente que nos aguarda hasta el 1-O. Quién sabe si después también. Es lo que nos queda después de devastada aquella metafórica plana riallera, respaldada por los Pirineos y abierta al mar, de la sardana a la que puso letra Joan Maragall.
 
(*) Cultivo una rosa blanca / en junio como en enero / para el amigo sincero / que me da su mano franca. / Y para el cruel que me arranca / el corazón con que vivo, / cardo ni ortiga cultivo; / cultivo la rosa blanca.