lunes, 22 de mayo de 2017

LA REBELIÓN DE LAS BASES


No soy bueno adivinando. Hasta el último momento creí en una victoria ajustada de Susana Díaz en las primarias del PSOE, y así lo expuse a todos los que me preguntaron. Una victoria que no serviría de nada, anticipé; y en eso creo que no me equivoqué.
No es que yo estuviera a favor de la candidatura de Susana, y a mis escritos anteriores me remito. Tampoco estaba a favor de Pedro, ni de Patxi. Todo el proceso iniciado con la defenestración de Ferraz, pasando por la abstención en la investidura de Rajoy y el acaparamiento de la atención del público mediante el montaje de unas primarias muy publicitadas y a cara de perro, me parecía costoso, inútil, y negativo para el partido. Pero me parecía también que el aparato del PSOE controlaba las pasiones que estaba desatando en el seno de la organización, y que los barones (Ximo Puig, Page, Lambán entre ellos) garantizaban cómodas mayorías en sus feudos, según la vieja fórmula del cujus regio ejus religio.
No ha sido así. Ni la “neutralidad activa y operante” de la gestora, ni la vociferación maleducada de los pobladores de la torre del homenaje, han garantizado el resultado apetecido. Antonio Hernando, el hombre que cambió de caballo en mitad el vado, ha dimitido arrastrado por la corriente; Emiliano García-Page debería seguirle a muy corto plazo, si es que tiene palabra, puesto que prometió abandonar la política en caso de victoria de Sánchez.
Los dos próceres, y aun otros que puedan seguirles en su próxima travesía del desierto (pienso, por ejemplo en José Carlos Díez, el discutido gurú económico de la lideresa in pectore), se irán desnudos del afecto de sus bases. Lo cierto es que el cataclismo del voto interno no se ha decantado tanto en favor de una opción, como en contra de otra. El mecanismo del mal menor ha funcionado con una potencia y una proyección que no se le conocían. No ha habido resignación, sino ira. No es probable a estas alturas que las bases de todas las opciones políticas que compiten en el mercado público se instalen en la resignación. Si los líderes insisten en no escucharlas, habrán necesariamente de pagar el peaje consiguiente.
Así ha venido sucediendo en fechas recientes, también en otras latitudes. Hay un discurso instalado en la opinión que afirma que la izquierda no se ha sabido situar en el cambio de paradigma de los grandes cambios tecnológicos, económicos y sociales desencadenados a partir de los años noventa del siglo pasado. Los datos nos indican que tampoco las derechas han asimilado bien tanta novedad; que los controles y los equilibrios que regían la ciencia de la política han desaparecido por el escotillón, y que el ciudadano corriente, desprovisto de paraguas sociales frente al chaparrón, ha pasado a situarse de preferencia en la intemperie del individualismo a ultranza. "Si no me das, yo no te doy." 
Las bases se han rebelado; no quieren ser más bases. Algunos lo llaman populismo, pero posiblemente hay más de espartaquismo en esa actitud. Me refiero a los gladiadores, no a otros Espartacos más recientes. Un día, en la vieja Roma, los marginales entrenados para servir de diversión a la elite en el circo encontraron que se divertían más despanzurrando a generales de las legiones que despanzurrándose recíprocamente entre ellos. Aunque la rebelión no tuviera ningún futuro. De todos modos, ellos ya de antes tampoco tenían un futuro digno de ese nombre.
El otro gran derrotado en las primarias ha sido elpais, muy puesto durante todo el proceso en el papel de oráculo de Delfos y asesor privilegiado de conciencias. El editorial de hoy expresa la infinita desolación del rotativo por el resultado, con frases como esta (elijo la menos sonrojante): «La emoción y la indignación ciega se han contrapuesto exitosamente a la razón, los argumentos y el contraste de los hechos.» Si la razón, los argumentos y el contraste de los hechos son lo que connota la inequívoca posición de elpais a lo largo de todo el proceso vivido en las últimas semanas, la Real Academia deberá suprimir del diccionario de la lengua la entrada “torticero-ra”.
Así de claro.
 

domingo, 21 de mayo de 2017

REGRESAR AL CONFLICTO


Unidos Podemos ha apoyado con una movilización de calle la moción de censura que su grupo parlamentario ha presentado, en solitario, contra un gobierno tan autoritario como autista – además de corrupto – que merecía, en verdad, muchísima más censura. Una cosa es que el ejecutivo ningunee no solo a la oposición, vetando todas sus iniciativas legislativas, sino a la mayoría de las cortes soberanas que le han reprobado a un ministro y a dos fiscales; y otra cosa, peor aún, es que las cortes soberanas se ninguneen a sí mismas y concluyan con un encogimiento de hombros, “qué se le va a hacer, con esta gente es imposible razonar.”
Al parecer, suspiramos por aquel estado del bienestar que tan bien nos arropaba y que con tanto acierto gestionaron los primeros gobiernos de nuestra renacida democracia. Suspiramos. Ahora bien, para recurrir en este trance a un argumento de autoridad, conviene recordar que don Gustavo Adolfo dejó sentado en su día, en una irrefutable ecuación matemático-física de muchos bemoles, que los suspiros son aire y van al aire. Pensar en armar una oposición coherente sobre la base de suspiros prolongados y de la especulación, basada en un etéreo cálculo de probabilidades, de que nos tocará la lotería en los próximos comicios sin haber comprado antes ningún décimo, es seguir un camino que conduce directamente al infierno. No lo digo yo; se sabe de siempre que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.
Los obstáculos políticos, económicos, financieros, sociales y morales que tenemos enfrente, son bastante más consistentes. El respeto que sienten por la democracia los poderes fácticos que nos empujan a la aceptación resignada de un margen para la política posibilista que cada día se va encogiendo un poco más, es un respeto “zarrapastroso”, según expresión de hoy mismo de mi siempre admirada Sol Gallego Díaz.
Practicar la democracia representativa a fondo, sin dejar de lado ninguna de sus herramientas institucionales, no se reduce a encajar de forma civilizada el “esto es lo que hay” que nos presentan los que sujetan el mango de la sartén. Siempre fue más aguerrida que todo eso, la democracia de los de abajo. Por mucho que se escandalice la señora Pastor, la presidenta de nuestro zarrapastroso parlamento, no es cosa de hoy el que suenen palabras fuertes en los debates de la cámara; y no son los representantes de sus colores los únicos con bula para insultar a los del otro campo. El insulto también es democrático.
Y todos los manuales al uso, establecidos a partir tanto de la teoría como de la experiencia, coinciden en afirmar que cuando no existe consenso, el único remedio posible para avanzar en democracia es regresar al conflicto.
 

viernes, 19 de mayo de 2017

PRIMA AL RIESGO SIN RIESGO


No es una errata, lo han leído bien. Es consenso común entre los economistas la teorización de que el sistema capitalista funciona de modo tal que la recompensa a la fuerza de trabajo se establece a partir de una evaluación técnica del alcance de su prestación; pero en cambio la recompensa al capitalista es mayor, porque se incluye en ella una compensación variable por el riesgo asumido al colocar en el mercado su patrimonio.
Ocurre que no es así, o por lo menos no es así en todos los casos. Lo explica en una tribuna de elpais el profesor Carlos Sebastián (1), con un título acuñado por Max Weber, “Capitalismo políticamente garantizado”, que demuestra que el invento dista mucho de ser reciente.
Es el caso de Abertis, empresa que construyó la autopista AP-7 y que ahora debe ser indemnizada con dineros públicos porque el tráfico ha resultado ser menor que el previsto inicialmente. Así figura en el contrato suscrito, no por ningún contubernio Gürtel o Púnica o Lezo, sino por el anterior jefe del gobierno, señor Rodríguez Zapatero. Es decir, que el Estado ha ofrecido a la segunda parte contratante la prima debida, según la teoría, al capital por el riesgo asumido, pero sin que exista asunción de ningún riesgo. A cosica hecha. Salgan o no salgan los números, tú recibes tu parte acordada de beneficio. Si no alcanzan a pagar esa parte los usuarios, lo harán los contribuyentes.
El asunto, medita el profesor Sebastián, puede tener algo que ver con el carrusel de las puertas giratorias, pero no se explica enteramente desde esa perspectiva. Lo que subyace detrás de tales asuntos es la sólida instalación de una estructura clientelar pública-privada muy extendida, que rebasa en mucho el círculo de influencia de las empresas del Ibex en cuyos consejos de administración figuran políticos relevantes.
Se trata de un fenómeno de parasitismo del capital, que se remunera a sí mismo con dineros públicos por prestaciones conseguidas mediante tratos de favor con las administraciones. Sus consecuencias en la competencia y la eficiencia de la economía nacional son muy graves, por más que el cálculo exacto resulte difícil de concretar. El profesor Sebastián lo expresa así, literalmente: «La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia estima que las malas prácticas en la contratación pública generan un sobrecoste del 25% (un 4,7% del PIB), pero el coste real puede ser mayor por sus efectos sobre la eficiencia productiva.»
 


 

jueves, 18 de mayo de 2017

GRAMSCI FÜR EWIG


Imposible cualquier pretensión de originalidad cuando se escribe sobre Antonio Gramsci. Todo está ya dicho, repetido, controvertido, refutado y recuperado de una u otra manera. Varias veces, además. Es, por tanto, con ánimo ligero como me dispongo a discurrir sobre el goethiano für ewig (“para siempre”, “para la eternidad”) que Nino repitió varias veces en su celebérrima carta a Tatiana Schucht desde la cárcel de San Vittore de Milán, con fecha 19.3.1927 (ver en págs. 223-226 de la Antología preparada y traducida por Manuel Sacristán, Siglo XXI Editores, 1970).
Nino afrontaba una condena dura, prácticamente de por vida. El fiscal del Tribunal especial fascista que lo juzgó, Michele Isgrò – un nombre propio para la historia universal de la infamia –, había afirmado: «Debemos impedir a este cerebro funcionar durante los próximos veinte años.»
Nino tenía planes muy distintos a los de Isgrò. Se los contó a su cuñada con una punta de ironía («Esta carta mía, querida Tania, va a ponerte los pelos de punta»). Era, aparte el cariño y la confianza en “el buen juicio y el fundamento de las opiniones” de Tania, un recurso para estimularse a sí mismo, porque, como comentará en otro lugar, su espíritu es “dialógico o dialéctico” y le es imposible elucubrar en el vacío, necesita una contraparte que le escuche y le rectifique de ser necesario: «Has de saber que escribir es para mí el sucedáneo de la conversación: cuando te escribo me parece verdaderamente estar hablándote…»
Este es el plan que expuso Nino a Tania, lo que adivinaba que iba “a ponerle los pelos de punta”: «Estoy obsesionado (fenómeno, supongo, característico de los presos) por la siguiente idea: que habría que hacer algo für ewig, según una compleja concepción de Goethe que, según recuerdo, atormentó mucho a nuestro Pascoli. En suma, querría ocuparme intensa y sistemáticamente, siguiendo un plan previo, de algún tema que me absorbiera y centralizara mi vida interior. He pensado hasta ahora en cuatro temas, y ya eso es un indicio de que no consigo concentrarme…»
El profesor Sacristán advierte en una nota sobre el carácter irónico del für ewig y sobre los tormentos de Pascoli al respecto. Lo asumo, porque además Gramsci no es nunca grandilocuente ni retórico; es, muy al contrario, un sardo de pies a cabeza, que se expresa "desde el pesimismo de la inteligencia", con sequedad y concisión objetiva. Pero la cautela introducida por el traductor no desvirtúa el hecho de que Gramsci no se está proponiendo incidir sobre la situación política concreta de su país, sino trascenderla en un estudio de tipo más general; no va a razonar en contra del fascismo, ni siquiera por elevación, sino a incluirlo como referencia de un ámbito en el que la sociedad, sus formas de organización y sus leyes intrínsecas van a pasar al primer plano.

Como prueba de lo anterior, estos son los cuatro temas en cuestión: 1, la continuación del ensayo interrumpido por su detención sobre la “quistione meridionale”, a fin de profundizar en la “formación del espíritu público” en Italia en el XIX, y en el papel desempeñado por los intelectuales; 2, un estudio de lingüística comparada, desde el punto de vista de los neolingüistas contra los neogramáticos; 3, un estudio del teatro de Pirandello, y 4, un ensayo acerca de la novela de folletón por entregas.


La elección de los temas resulta disparatada a primera vista, y sin embargo Nino encuentra un lazo de unión entre ellos: «En el fondo, si bien se observa, hay homogeneidad entre estos cuatro temas: el espíritu popular creador, en sus diversas fases y grados de desarrollo, está en el fundamento de todos en la misma medida.»
Este plan inicial, “desinteresado” y für ewig, según insiste (con tanta carga de ironía como se quiera) en varios pasajes de la carta, se plasmó en 32 cuadernos escritos a mano durante seis años, entre el 8 de febrero de 1929 y algún momento de 1935 en el que la consunción de su cuerpo, las enfermedades, los dolores y el insomnio acabaron por hacer imposible el esfuerzo diario. En total llenó 2.848 páginas, que corresponderían a unos 4.000 folios mecanografiados. Todo ese volumen de escritura tenía un carácter forzosamente provisional. El preso 7047 de la cárcel de Turi utilizó a fondo las lecturas escasas y diversas a las que pudo tener acceso en prisión, pero se limitó a esbozar sus tesis «a grandes rasgos, dada la imposibilidad absoluta de disponer de la mole inmensa de material que sería necesaria», según comenta en la misma carta a Tania.
De los Cuadernos emerge, sin embargo, una concepción original y consistente de la praxis política, de la filosofía que la sostiene, y de los elementos estructurales y sociales que deben secundarla de forma imprescindible. Una concepción für ewig, dicho sea sin énfasis pero en verdad. De ahí que resulte un comistrajo incomible la pretensión, organizada desde sectores académicos, de “datar” a Gramsci y reducir su significación como pensador al marco histórico de la lucha antifascista.
 

miércoles, 17 de mayo de 2017

EL CLUB DE LOS NEGOCIOS PINGÜES


Al tiempo que escribo estas líneas, Mariano Rajoy está reiterando en el Congreso su plena confianza en el tridente de gala que ha colocado en su equipo para cubrir el flanco Aranzadi de la política de negocios pingües que promueve con empeño digno de mejor causa el partido del gobierno.
Catalá, Maza, Moix. Tres cracks.
De nada sirve que el Congreso, presunto depositario de la soberanía nacional, haya reprobado a los tres. El parlamento solo es útil en la actual situación como arma arrojadiza contra los extraparlamentarios. Se ningunean las movilizaciones de calle con el argumento de que las cuestiones políticas han de dilucidarse en el parlamento. Cuando se llevan esas mismas cuestiones al parlamento, en cambio, la opinión mayoritaria de la cámara tampoco vale de nada. Tenemos la confianza del gobierno, ha venido a decir el fiscal general del Estado, señor Maza. Respecto del resto, preferimos que se nos aplauda, claro está. Pero si nos aplauden en la cara, no por eso vamos, ni a dimitir, ni a rectificar.
¿Qué vale, entonces, para que el pueblo soberano pueda cambiar lo que es evidente que no le gusta?
El desprecio de los poderes ejecutivos hacia las cámaras legislativas es más o menos universal, pero en pocas ocasiones, diría que en ninguna, ha llegado tan lejos como para hacer caso omiso de una votación parlamentaria de confianza. Es otro récord mundial de la marca España. La jeta entre divertida y socarrona de Catalá y Maza después de la sesión, y sus explicaciones a los medios, valen por toda una lección de dictadura de facto.
Y es que el club internacional y exclusivo de los negocios pingües se sitúa cada vez más lejos de la democracia. La tolera como un mal menor, pero siempre y cuando no resulte un incordio excesivo. Error. La democracia, si es de verdad y no de mentirijillas, siempre es un incordio excesivo.
Por todos estos intríngulis, resulta inane que Patxi López, outsider al cargo de secretario general del PSOE, afirme (literalmente): «Nosotros somos la alternativa al PP, y no tenemos que pactar con Podemos.» Y en la misma entrevista, firmada por Anabel Díez y Rafa de Miguel en elpais, añade que «… debemos definir espacios de consenso [con el PP] en asuntos muy relevantes, de Estado.»  
Declaraciones que me parecen lamentables para un político que aspira a postularse como jefe de un futuro gobierno de la nación. Lo que implican, es que toda una porción del Congreso de los Diputados tiene para él un valor cero en lo que se refiere a los consensos (de Estado u otros). Y en último término, se deduce sin demasiado esfuerzo de ellas que la "alternativa política" que avizoraría el PSOE bajo su mando tendría sentido, no en relación con la ciudadanía (ni se menciona la palabra), sino en relación con la prioridad en el trato con el selecto club internacional de los negocios pingües.
 

martes, 16 de mayo de 2017

PRIMARIAS


El voto de las primarias es un voto interno, y quien lo controla es el partido convocante. No pretendo decir que haya trampas obligatoriamente, pero se sabe de algunas historias raras. En una ocasión, votó en unas primarias para la candidatura socialista a la alcaldía de Barcelona un grupo de paquistaníes recién llegados a la capital catalana en busca de trabajo. La cosa trascendió porque fueron casi los únicos que se acercaron a las urnas partidarias aquel día.
Lo normal es que no sea necesario llegar a esos extremos. Aun así, es difícil argumentar la utilidad del invento. Parece preferible para el electorado decidir su voto por una opción coral, un equipo dirigente sólido, eficaz y conjuntado, que deshojar la margarita entre uno de tres tenores o primadonnas. Los torneos de fútbol no los ganan en último término los Cristiano Ronaldo ni los Leo Messi; quienes acaban sacando las castañas del fuego en las jornadas grises y deslucidas son las opciones B o los fondos de armario, según la etiqueta preferida por cada cual. Es muy distinto ganar el Balón de Oro que una gran liga, en la que el glamour no es un añadido desequilibrante y lo que cuenta es la regularidad del partido a partido.
En política viene a suceder lo mismo.
El SPD centró sus esperanzas de sorpasso para la cancillería alemana en la operación de imagen asociada al candidato Martin Schulz, pero de momento este no ha ganado a Merkel ni siquiera en el feudo socialista de Renania del Norte-Westfalia. El PSOE, de forma similar, ha puesto sus esperanzas de remontada en un proceso de primarias muy seguido por las audiencias de los medios por el morbo inherente a dos de los tres candidatos, que se llevan como el perro y el gato y lo demuestran cada vez que hay ocasión.
Están por ver los réditos en forma de votos que dará al partido ese culebrón. Susana Díaz ha dicho con mucho énfasis que, si es ella la candidata electa, caso de que el PSOE no remonte electoralmente se marchará sin hacer ruido y sin fracturar el partido. La oferta es tentadora, pero se ha dejado algún cabo suelto. Veamos, ¿esa prometida retirada silenciosa y discreta se hará, como ha sido habitual en sus antecesores, por alguna puerta giratoria? Es algo que a la ciudadanía le agradaría saber. No para votarla, lo digo con total sinceridad, sino debido a lo que nos cuesta a los contribuyentes una práctica tan consabida y reiterada.
También ha prometido  Díaz, después de no contar en la autonomía catalana con avales ni siquiera de paquistaníes en tránsito, que “se dejará la piel” en Catalunya. Seguro que será así, por varias razones. Una de ellas, que habrá quien se la arranque a tiras.
 

lunes, 15 de mayo de 2017

COMERSE EL PASTEL Y GUARDARLO


Peter Pan, según la historia de James Barrie, tenía un dilema serio (algunos, aficionados en exceso a esta palabra, lo llamarían “profundo”). Si quería seguir teniendo a su lado a Wendy, aquella encantadora madrecita cuya aspiración en la vida era recoser por las noches la ropa de los niños perdidos mientras les contaba cuentos para hacerles dormir, Peter estaba obligado a crecer. Si elegía no crecer y seguir siendo eternamente un niño, perdía sin remedio a Wendy y el mundo que representaba.
Crecer implicaba hacerse persona mayor, es decir: vestir levita, pantalones rayados, botines, sombrero de copa, gafas de concha y paraguas; manejar presupuestos complicados; regir la agenda diaria por el reloj, y echar una tripa consistente, entre otras obligaciones quizá no tan repulsivas.
Tal y como ha quedado debidamente documentado, Peter tiró por la calle de en medio y se llevó a Nunca Jamás a Wendy y a sus dos hermanos. Durante el viaje, que fue divertidísimo, se olvidó de sus acompañantes en varias ocasiones; en una de ellas el pequeño Miguel se durmió y cayó a plomo a cielo través, pero pudo ser salvado en última instancia de estrellarse gracias a una ágil pirueta de Peter, que quedó encantado de sí mismo después de aquel lance.
Los niños vivieron aventuras emocionantes en Nunca Jamás, pero en definitiva eligieron volver junto a sus padres. Peter, por el contrario, eligió no elegir.
Su posición es parecida a la de las personalidades adictas al credo neoliberal que gestionan el actual capitalismo. Creen que el egoísmo privado es el anclaje ideal para la cohesión social; que el esquilmo de las materias primas y la emisión de gases venenosos a la atmósfera son minucias que no perjudican la sostenibilidad del planeta; que incrementar hasta extremos insoportables la desigualdad entre las personas llevará a largo plazo a la mayor felicidad de todos. Para plasmar esas fantasías inconsistentes y contradictorias, su receta mágica es el polvo de hada. El polvo de hada es brillante y dorado, como es sabido; esparcido sobre las personas, les permite levitar y evadirse sin esfuerzo del mundo real.
Se trata de chiquilladas, por supuesto. Pero están costando muy caras. Pensar de esa manera permite acelerar alegremente la marcha y ahorrarse preocupaciones sobre el futuro, pero el futuro está ahí, esperándonos puntualmente todos los días.
Es imposible comer el pastel y guardarlo, al mismo tiempo. Es imposible no introducir el futuro en nuestros cálculos y sin embargo pensar que en su momento tendremos un futuro amable a nuestra disposición.
La vida consiste en elegir. Elegir no elegir es una actitud suicida. Las tasas de suicidio se están incrementando en las sociedades postindustriales que se postulan como punta de lanza de nuestra civilización.
El fin del mundo podría ser muy triste.
 

domingo, 14 de mayo de 2017

FELICIDAD PRETECNOLÓGICA


Una avería en la línea telefónica fija nos dejó ayer en Sant Pol sin acceso a internet. Ya ha sucedido otras veces, pero ayer, cuando avisamos a la compañía desde el móvil, nos contestaron que la reparación no podía ser inmediata debido a que un ciberataque internacional masivo había afectado a toda la estructura de servicios.
Fuerza mayor. Después de rabiar un rato y de sentir la profunda mordida del síndrome de abstinencia, opté por el consuelo clásico en situaciones de impotencia: relajarse y gozar.
Cuando manejé por primera vez tal cosa como un ordenador, recuerdo, no existía aún el internet, y mi cachivache, un Amstrad (¿recuerdan la marca?), tampoco tenía disco duro, el sistema operativo iba en un disquete floppy y se introducía en el mecanismo por una de dos rendijas laterales. Como la memoria RAM era tan solo un futurible, el usuario debía almacenar el trabajo hecho en otros disquetes similares. Cuando uno estaba lleno, el sistema te avisaba para que lo cambiaras. El resultado final se imprimía trabajosamente en papel.
Yo utilizaba mi Amstrad como procesador de textos. A pesar de las limitaciones de un sistema informático tan rudimentario, comprobé que mis traducciones avanzaban el doble de deprisa que con la máquina de escribir, y eso que tenía una larga experiencia en el manejo de esta. Hoy, con herramientas tales como el corrector automático, el diccionario online y el buscador de datos de google chrome, mi velocidad de traducción es más de tres veces y media superior a la del tiempo previo a la irrupción de las TIC.
Y eso contando la pérdida de agilidad mental sobrevenida con el paso de los años. Pero ya no es obligado buscar el sinónimo, consultar la duda, ordenar la sintaxis, etc., antes de plasmar el discurso en la hoja de papel en blanco, un soporte atemorizador, terriblemente rígido y delator de cualquier mínima imperfección. Ahora puedo trabajar en bruto y perfilar el estilo en un plisplás con el penúltimo repaso, ese que antes te obligaba al tippex.
Iba pensando en esos cambios, y se me ocurrió tomar alguna nota para este post, utilizable cuando el escalón tecnológico actual volviera a la normalidad. Como tenía el portátil apagado, busqué un bolígrafo y el dorso en blanco de un sobre usado, y empecé a garabatear. Taché, reescribí, volví a tachar, añadí flechas para indicar por dónde seguían algunas frases. Al rato, el sobre se me quedó pequeño y hube de agenciarme otro. Al final, esto que ustedes leen quedó esbozado en un espantoso galimatías. Sentía cansada la mano por el empeño de la escritura. Y eso que solo eran notas para un futuro borrador.
Contemplé en éxtasis los dos sobres emborronados. ¡Así eran las cosas antes! Y me dejé invadir por la felicidad pretecnológica de las ideas que surgen de la nada y se concretan fatigosamente a punta de bolígrafo.
Después me puse a leer un libro de papel, una aventura de John Rebus, el policía creado por Ian Rankin (1). Rebus es un residuo de épocas pretéritas en la policía escocesa. Está jubilado, procura no beber tanto alcohol como antes, y está adscrito a una sección que trabaja sobre casos antiguos aún abiertos. En relación con una desaparición antigua no resuelta, recurre a Christine Esson, una agente joven, menuda y pizpireta que ejerce de vínculo entre la policía y la comunidad de internet. Rebus le lleva en unas carpetas la información del caso, en forma de informes antiguos, notas aclaratorias escritas a mano por él, y un rimero de fotografías. Christine le dirige una mirada divertida:
– ¿Has oído  hablar alguna vez del e-mail?
Y él contesta, picado:
– ¿Algún problema con mi caligrafía?
 
(1) El título de novela es Sobre su tumba. Versión española RBA 2014, traducción de Efrén del Valle.

 

viernes, 12 de mayo de 2017

PASCUAS ANTES DE RAMOS


Lo malo del procès catalán es que, al alargarse tanto todos los prolegómenos inexcusables, la hoja de ruta resulta confusa y el calendario se enreda en demasía. Se pierde la perspectiva sobre lo que va primero y lo que viene luego. De alguna forma estamos probando las hieles de un Estado soberano antes que las mieles.
El parlament aprobó la creación de una comisión para investigar los entresijos de la Hacienda catalana después de que el juez Vidal afirmara de forma pública y repetida que esta ya tiene todos los instrumentos para funcionar a pleno rendimiento, y que no se le escapará ningún contribuyente por las rendijas.
Esta afirmación en sí misma ya era una muestra del mal mencionado arriba. La voluntad de conducir a su pueblo a Ítaca por parte del grupo político que ocupa la mayoría en un parlamento meramente autonómico, es ciertamente muy firme. De acuerdo, pero ocuparse de la forma de llenar las huchas antes que de la de llenar las urnas no deja de ser un procedimiento extemporáneo y abusivo. Cualquier hoja de ruta bien confeccionada dirá que las cosas deben hacerse al revés. Primero, preguntar educadamente, “¿quiere usted, señora/caballero, tener un Estado independiente?” Y solo después de una respuesta positiva claramente mayoritaria, no diré en qué porcentaje para no pillarme los dedos porque sobre eso están divididas las opiniones de los doctores de la iglesia, solo después, subrayo, presentar la factura: “Pues esto es lo que le toca pagar. Póngase en la cola para pasar por caja.”
Nuestro conseller de Hacienda se apresuró a decir que las afirmaciones del juez Vidal no eran ciertas, que fabulaba. Mejor. Pero luego el cantante Llach, que sucedió a Vidal en las tareas de adoctrinamiento a los fieles sobre las bendiciones que nos esperan, ha advertido de que los funcionarios del Estado español en Catalunya que se nieguen a aplicar la desconexión serán represaliados. Se ha armado un segundo escándalo. El escándalo no está tanto en las palabras de Llach en sí mismas, al parecer, como en el hecho de que la prensa, con desafecto notorio hacia la causa, las haya dado a los cuatro vientos, en lugar de disimular y mirar a otra parte como estaba mandado.
Y ahora, un rodillo parlamentario bien engrasado ha denegado la asistencia ante la comisión de ninguno de los llamados por los partidos a dar explicaciones. Ninguno, repito. Ni tan siquiera el mismísimo juez Vidal.
Mi enhorabuena a los muñidores de la mayoría por esta perfecta interpretación coral de la vieja práctica parlamentaria del rodillo. Estamos a la altura de los primeros países de Europa en triquiñuelas obstruccionistas.
Solo que no tocaba. Una vez más, los sueños de soberanismo de nuestras/os próceres han degenerado en semenfotismo, que no es lo mismo, y les han llevado a celebrar la Pascua de Resurrección antes de la fiesta de los Ramos.
Nos hemos quedado nosotros sin comisión, y ellos sin credibilidad.
 

jueves, 11 de mayo de 2017

POESÍA INEVITABLE


En abril de 1965, y como presentación de algunos poemas propios en una antología de poesía social preparada por Leopoldo de Luis, Ángel González (Oviedo, 1925 – Madrid, 2008) defendía la poesía social de la acusación de “mala poesía”, con las siguientes palabras: «Más que posible, esa poesía me parece inevitable.»
Hoy cedo al poeta las páginas de mi bitácora. Que el lector juzgue por sí mismo si la composición siguiente, datada en los primeros años sesenta, ha fracasado en el intento de superar la barrera del tiempo, o si por el contrario sigue siendo de actualidad rabiosa. Si es “mala poesía”, o poesía inevitable.
 

ALOCUCIÓN A LAS VEINTITRÉS


Ciudadanos perfectos a estas horas,

Honorables cabezas de familia

Que lleváis a los labios vuestra servilleta

Antes de pronunciar las palabras rituales

En acción de gracias por la abundante cena:

 

Vuestra responsabilidad de sólidos pilares

De la civilización y de Occidente,

Del consumo de bicarbonato sódico

Y del paternalismo hacia la servidumbre,

Exige de vuestra parte

Cierta ignorancia de hechos también ciertos,

Un esfuerzo final en bien de todos,

La tozuda incomprensión de algunas realidades,

La fe más meritoria, en resumen,

Que consiste

En no creer en lo evidente.

 

Yo podría jurar que la tierra está fija

– ya lo juré otras veces –

Y que el sol gira en torno a ella;

Yo podría negar que la sangre circula

– lo seguiré negando, si hace falta –

Por las venas del hombre; yo podría

Quemar vivo a quien diga lo contrario

– lo estoy quemando ahora –.

 

No es que sean importantes los asuntos

Objeto de polémica:

Lo importante es la rígida

Firmeza en el error.

Pues las mentiras viejas se convierten

En materia de fe,

Y de esa forma

Quien ose discutirnos

Debe afrontar la acusación de impío.

Con esto,

Y una buena cosecha de limones,

Y la ayuda impagable de nuestros coaligados,

Podemos esperar algunos lustros

De paz como esta de hoy,

En una noche

Semejante a esta de hoy,

Tras una cena

Lo mismo que esta de hoy.

Tal como siempre, pues, pedid conmigo:

Más fe, mucha más fe. Que en cierto modo,

Creer con fuerza tal lo que no vimos

Nos invita a negar lo que miramos.

 

miércoles, 10 de mayo de 2017

UN SECTOR PÚBLICO EN LA ONDA DEL LARGO PLAZO


Mariana Mazzucato, entrevistada en lavanguardia por Lluís Amiguet (1), propone una reconsideración de lo público como vía indispensable para la eficiencia de la economía productiva. El secreto, en su opinión, consiste en dotar al sector público de una autonomía consistente de gestión, capacitándolo así para desarrollar sus iniciativas sin depender de los avatares de los partidos políticos ni de los resultados de las sucesivas elecciones.
El invento es tan brillante como el de la sopa de ajo: me refiero a que es una receta sencilla, no es nueva, y está comprobado que funciona de maravilla. El problema, entonces, es cómo alejar a los partidos políticos triunfantes de lo que consideran preseas concomitantes a su victoria electoral; es decir, negarles el reparto del gran pastel de lo público y su utilización: 1, parasitaria (es decir, en beneficio de los bolsillos privados de sus detentadores en primer lugar, y de su círculo directo de influencia), y 2, clientelista (con la creación de circuitos privilegiados de favores así materiales como meramente honoríficos, dirigidos a aglutinar las más amplias voluntades en torno a una opción de gobierno concreta).
Los ejemplos a nuestro alcance son numerosos y notorios. La concepción del Estado como una finca particular sometida a criterios meramente extractivos de rentas no es historia antigua ni se va corrigiendo con paciencia y severidad; es la noticia de hoy mismo, el pan de cada día, y no hay propósito de enmienda sino de insistencia.
He aquí la fórmula de Mazzucato para evitar la politización de lo público: «Gestionar a largo plazo. Evitar que los gestores vayan cambiando en cada elección y crear agencias independientes y mecanismos democráticos –no partidistas– que nombren gestores capaces. Sin amiguismos ni improvisación al ritmo de encuestas y urnas. Ya lo hacen en parte Alemania, Israel y hasta EE.UU.»
No es fácil cumplir ese programa. El primer paso sería cambiar la concepción corriente del Estado, parecida a la imagen de una marrana recién parida a cuyas ubres se amorran los lechoncillos para chupar todo el líquido nutriente que puedan por sí mismos y que les permitan sus rivales en el empeño. Un Estado activo, no pasivo, que trabaje y promueva iniciativas con un criterio de cooperación y de síntesis extensible a todos los que, con un término algo anticuado en la literatura ultimísima, llamaríamos sus “súbditos”. Un Estado, también, escalonado; no resumible en un gran aparato central, sino extensible a una pluralidad de ámbitos menores provistos de iniciativa y de autonomía propias, muy capaces de generar sinergias positivas para el conjunto. Un Estado, además, diverso, de modo que no se produzcan continuos encontronazos entre las diferentes opciones políticas que conviven en su interior, sino que se generen elementos de consenso beneficiosos a la larga para todos. Un Estado democrático, en fin, si no limitamos la idea de la democracia a una dictadura de las urnas, por la cual quien gana la baza se lleva toda la puesta.
 

 

martes, 9 de mayo de 2017

LOS MISALES DE SOR MARTA


Si se examinan los hechos con cruda objetividad, se trata de un delito; pero uno no puede dejar de admirar el acompañamiento escenográfico soberbio.
La madre superiora ruega al mosén que traslade dos misales de su biblioteca a la del capellán del convento, que él ya le dirá dónde los tiene que poner. Es el contenido de una esquela manuscrita, firmada por “Marta”. La fecha, 1995. El contenido debe entenderse del modo siguiente: la esposa del president de la Generalitat catalana, Marta Ferrusola, indica al gestor de las cuentas opacas de la familia en Andorra que debe trasladar dos millones de pesetas de su propia cuenta a la de su hijo Jordi Pujol Ferrusola, y que este ya le indicará más adelante cómo debe invertirlos.
Una primera interpretación de la maniobra, a bote pronto, es que la señora deseaba precaverse del qué dirán; disimulaba para pasar desapercibida ante la eventual proximidad de miradas o de oídos indiscretos. Yo soy de la opinión de que hay algo más, en el fondo. No es tanto un disimulo delante de terceros, como delante de ella misma.
Hay una forma de transitar por la política, específica de personas muy bien pensantes, consistente en no meterse jamás en política (1). Sentó cátedra en este modelo de comportamiento el fenecido caudillo de España, pero Jordi Pujol comparte con él una actitud similar en muchos aspectos. No era su vocación, en efecto, la política, oficio como se sabe turbio y bastante infecto, sino el ideal del servicio a una Catalunya (alternativamente, una España) radiante, que merecía todos los sacrificios, incluido, para Pujol, el de chapotear y revolcarse en el cieno madrileño. El espejo deslumbrante de una Catalunya inmaculada servía de biombo para ocultar algunos enjuagues antiestéticos que tenían lugar a su socaire.
Del mismo modo doña Marta, en el momento de entregarse a transacciones que lastimaban su escrupulosa conciencia de católica muy practicante, las disimulaba con metáforas piadosas o cultas. No eran millones, sino misales; no cuentas corrientes, sino bibliotecas. La única vanidad que se autopermitió, el título de madre superiora de boquilla.
Ese tipo de metáfora o traslación semántica de un campo a otro de la realidad permite mantener impoluta y en estado de revista una parte cuando menos de una conciencia escrupulosa escindida, de modo que el peso de la culpa no se haga del todo insoportable. Imagino los rodeos alambicados que habrán construido para sí mismas la monjita que vendía bebés en adopción a parejas adineradas y decía a las madres biológicas que habían muerto; o esa otra, la noticia es muy reciente, que proporcionaba víctimas infantiles sumisas a un sacerdote pederasta.
 

(1) Javier Aristu ha reflexionado recientemente sobre estos temas de la política y la moral. Ver https://encampoabierto.com/2017/04/28/politica-o-moral/

 

lunes, 8 de mayo de 2017

DAR SENTIDO AL FUTURO


La elección de Emmanuel Macron ha sido excelente, a la vista de cuál era la alternativa. Se ha apostado por un futuro – aun incierto –, que será necesario ir perfilando poco a poco, con avances y previsibles retrocesos, para darle concreción y sentido. Le Pen significaba, por el contrario, la negación de cualquier futuro. Así de simple. Podemos visualizar un panorama aproximado de lo que habría sido su presidencia, gracias a Trump: retrocesos en los derechos individuales, en las prestaciones sociales, construcción de nuevos muros y barreras y guetos, ascenso en espiral de la intolerancia y del odio, posverdad como norma en la información oficial. El Gran Hermano de Orwell, no como una pesadilla del colectivismo sino como opción deliberada de un individualismo ultra agresivo.
Estamos entonces de enhorabuena. Pero sigue pendiente la tarea de dar sentido a un futuro al que se ha apuntado una mayoría holgada. Será un trabajo arduo, porque son muchas las personas que tienen la sensación de haberlo perdido todo: personas que carecen de medios de subsistencia, de cultura, de trabajo digno de ese nombre, de protección social, y de derechos significativos que no sean el del voto, que ejercen como una venganza personal contra un entorno hostil.
Este es el análisis de Loretta Napoleoni (en “bez”) sobre ellos: «Dos son las reacciones más comunes entre estas personas sin derechos: ira y desesperación. Un estudio realizado en Estados Unidos entre 1998 y 2013 por Anne Case y Angus Deaton, con una muestra de trabajadores de diferentes edades, ha registrado un aumento de los suicidios y las muertes por abuso de alcohol y antidepresivos en edades comprendidas entre 45 y 54 años. Los porcentajes son tan altos que llegan a poner en peligro la tendencia al alza en la esperanza de vida en los Estados Unidos. La mayoría de esos trabajadores consumidos por la ira son los que votaron a favor de Donald Trump y del Brexit en Reino Unido.»
Le Pen ha tenido 11 millones de votos en Francia. Trump tuvo los de 63 millones de estadounidenses. Votaron a favor del Brexit 17,4 millones de británicos. Estamos hablando del centro del centro; de la elite de los países occidentales avanzados. Son sociedades duales, que juntan en su interior la prosperidad más alta y la desesperación más negra; esta última no en términos absolutos, pero sí relativos, porque los perdedores de la globalización ven pasar la afluencia todos los días por la otra acera, y se les niegan los medios de cruzar la calle.
Dar sentido al futuro de personas que han perdido la noción misma de un futuro: una tarea para las izquierdas y para los centros-izquierda, para el plantel variopinto de ideas que se inspiran en el progreso como un valor colectivo.
 

sábado, 6 de mayo de 2017

RAIMON, UNA VEGADA MÉS


Con doce recitales públicos en el mes de mayo se despide Raimon de los recitales públicos. Estuvimos Carmen y yo en el segundo piso del Palau, para asistir al primero de ellos. No había asientos vacíos. Nunca hemos dejado de arropar como público a Raimon, porque tampoco él ha faltado nunca a la cita con nosotros. Es un caso notable de fidelidad mutua a lo largo de la trayectoria imaginada de una vida, la de la generación a la que él y nosotros pertenecemos.
Anunció de entrada que iba a cantar 36 canciones. Y las cantó, sin más que una breve pausa después de la número 30. Su arranque fue ya un programa, una exposición de motivos: Entre la nota i el so, / amb la paraula cantada, / el gruix de tot el meu viure / vos intente donar cada vegada.”  
Y a continuación nos trasladó, nota a nota, todo el grosor de su vida, con la palabra cantada. Una vez más. Como cada vez, cada vegada.
No faltó la presencia discreta de Annalisa, nunca citada por su nombre, en L’unica seguretat, en Com un puny (único golpe de efecto en todo el recital; al final de la canción se apagaron todas las luces del escenario salvo un foco dirigido a aquella mano que se cerraba lentamente en un puño) o en la encantadora Napolitana per tu, que muchos escuchamos por primera vez.
Cantó Raimon, a lo largo de la noche, a la noche, al agua, a la piedra, al mar, al viento, a la paz, a los orígenes. Atacó muchas canciones íntimas, reflexivas, y volvió a vibrar con las vivencias sociales que nos siguen reclamando: lo que hem vist, todo aquello que jo sent junt amb altres. Gritó Diguem no!, muy fuerte.
Y cantó también a “sus” poetas, Espriu el primero, y con él los viejos maestros de la lengua, Ausiàs, Timoneda, Turmeda, Roís de Corella. Y la “Amanda” de Víctor Jara, el compañero chileno siempre vivo aún para nosotros.
Se detuvo Raimon solo un par de minutos, después de cantar Com un puny. Volvió luego con sus cuatro músicos al escenario, aferró la guitarra y cantó seis “propinas”: Veles e vents, He mirat aquesta terra, Jo vinc d’un silenci, Diguem No, D’un temps d’un país y Al vent.
Después de Al vent, la canción con la que empezó todo, se encendieron las luces y acabó la magia sobre el escenario, pero seguimos aplaudiendo. Aquello no fue propiamente una despedida; lo que venía a decirnos Raimon es que sigue ahí, para lo que haga falta. Así lo entendí yo, así lo entendimos todos.
 

viernes, 5 de mayo de 2017

EL JUEGO Y EL AUTO SACRAMENTAL


El forcejeo frenético entre las dos formaciones principales de la izquierda española, PSOE y Podemos, ha inspirado a José Luis López Bulla un texto importante, “El cainismo de las izquierdas”. Con gusto citaría aquí alguno de los párrafos centrales de su razonamiento, pero no me veo capaz de elegir entre uno u otro, todos me parecen igualmente necesarios. De modo que, por si alguno no conoce aún el camino para llegar hasta él, lo dejo aquí indicado:
A modo de comentario colateral, añadiré aún un par de cosas.
Esta situación no se había dado antes en la izquierda porque antes la izquierda no era así. Los viejos partidos se caracterizaban por un centralismo riguroso y por un sectarismo a flor de piel. El cemento de la ideología unificaba el discurso propio de cada opción, independientemente de sus apoyos reales, y cada disentimiento interno se convertía rápidamente en una traición. Había una seriedad infinita en el reclamo al fiel seguimiento de la “línea”. Las “líneas” eran tantas como los partidos en presencia. El nacimiento de una “línea” distinta precipitaba sin remedio una escisión. Por eso decía Luciano Lama (certera la cita de Bulla) que el enfrentamiento se teoriza, y en cambio la unidad se abre paso solo cuando se dejan a un lado las teologías, las variantes ideológicas al uso.
Como vivimos en tiempos de posmodernidad, y los partidos ya no son estructuras pesadas sino ligeras, meras plataformas electorales, el esquema anterior ya no es utilizable. Ahora se persiguen las preferencias del electorado detectadas por medio de sondeos sofisticados; y esas preferencias, ay, varían de un día para otro, oscilan al compás de la actualidad inmediata movidas por impulsos pasionales – indignaciones – de recorrido muy corto. El papel de los medios es decisivo para conformar una opinión nueva al hilo de cada nuevo telediario. Un desahucio traumático, un caso sangriento de violencia de género, la muerte de una anciana como consecuencia de la pobreza energética, un atentado terrorista en un aeropuerto, van reconfigurando día a día la lista de prioridades que los partidos recalientan en la cocina apresuradamente y ofrecen a los votantes. Nadie se detiene a elaborar políticas a medio y largo plazo; y cuando a pesar de todo las hay, se ocultan detrás del reclamo inmediatista a la impresión más reciente de la audiencia según el último noticiario de las cadenas de televisión.
No hay entonces tanto un enfrentamiento en la izquierda (lo que se propone es más o menos lo mismo) sino un forcejeo por ocupar el primer plano. La iniciativa de Podemos al proponer una moción de censura en el momento neurálgico en el que se conocen los mensajes cruzados por los protagonistas de una de tantas tramas corruptas, obedece a la intención de ocupar el centro del tablero. La respuesta de Javier Fernández a la proposición de Iglesias se sitúa en la misma sintonía, cuando le acusa de “hacer de la política un juego de apariencias”, y señala que la moción “busca desviar el foco de la atención”.
He leído en un artículo reciente de Josep Ramoneda un eco de la primera acusación. Dice Ramoneda que Podemos “juega a la política, más que hacer política”. El reproche es justo. Es, por otra parte, lo que puede esperarse de una formación dirigida a seducir antes que a resolver. Siempre me ha parecido que la fuerza principal de Podemos está en las confluencias en los niveles locales, donde se pisa el terreno de la unidad haciendo cosas en común, tal como proponía Lama; y que su mayor debilidad está en la dirección nacional, en la que ni Pablo, ni Íñigo, ni Tania, ni Irene, etc., han conseguido que les tomemos en serio.
La segunda acusación de Fernández a Iglesias tiene todo el aire de un lapsus freudiano. Desviar el foco de atención, ¿de qué? La respuesta más lógica me parece la siguiente: el PSOE necesita centrar la atención de los medios en el proceso de primarias, un duelo-espectáculo en el OK Ferraz para el que ya se han asignado los papeles estelares de la buena, el feo y el malo. La corrupción puede esperar, el debate de los presupuestos también. Hasta el día 21 todo el partido oficia el trance con la escenografía alambicada de un auto sacramental, que por lo demás tiene un aire irresistible de déjà vu. Es «La persecución y muerte de Pedro Sánchez Castejón tal y como fue representada en la sede de Ferraz bajo la dirección del Marqués de Zapatero».
Esta función teatrera, por mucha solemnidad y charanga que se le ponga, es en definitiva otro “juego de apariencias”, tanto por lo menos como la moción podemita. La realidad apremiante, los problemas urgentes, las cosas que importan de verdad, están ahí esperando que los líderes políticos ensimismados abran las ventanas y miren hacia fuera.
 

jueves, 4 de mayo de 2017

EL DESCUBRIDOR DE PLACAS


Lector paciente, puedes saltarte sin escrúpulo el post de hoy, no aprenderás nada de provecho. Estas breves pero sentidas líneas están dedicadas al duque de Edimburgo, una de las personalidades punteras del otium cum dignitate a nivel planetario, y que a sus 96 años, a partir del mes de setiembre próximo, se desembarazará de forma definitiva de las numerosísimas obligaciones protocolarias que invaden su agenda. Felipe de Battenberg (Mountbatten en su versión inglesa) se retira de la vida pública. ¿En qué consistía su vida pública? Él mismo la ha definido así: «Soy el descubridor de placas más experimentado del mundo.» Allí donde había una placa, o una lápida, o un monumento conmemorativo en tres dimensiones por descubrir, en todo el ámbito de la Commonwealth, allí era requerido el Duque para llevar a cabo la faena con pulcritud y precisión. Lo ha hecho, según una estadística rigurosa, 22.191 veces desde 1952. De aquí a finales de agosto aún podrá añadir algunas unidades más a su portentoso récord. Con dedicación, tiene a su alcance una cifra preciosa: 22.222, los cinco patitos en fila.
En sus prolongados descansos en Balmoral, y en algunos actos públicos de raigambre tradicional escocesa, al Duque le gusta lucir el kilt, esa faldilla a cuadros de colorines. Desde Braveheart, nadie como Felipe había lucido el kilt escocés con sobria elegancia y al mismo tiempo con una potente sugestión de virilidad sublimada. Es un portento. Su señora, la reina Elizabeth, ha dicho de él: «Es mi roca, ha sido mi fuerza y mi sostén», palabras que deberían constar en su epitafio cuando, vete a saber dentro de cuántos años, acabe por sucumbir al destino común de los humanos.
Mientras llega ese momento, podrá pasar buenos ratos de charla menuda y esparcimiento alcohólico en el aristocrático barrio londinense de Mayfair, como adorno destacado de la barra del bar del muy exclusivo Club de los Zánganos, institución debida a la pluma de P.G. Wodehouse. Freddie Widgeon, el hombre que tuvo diez mil novias y fue abandonado por las diez mil antes de llegar al altar, había sido hasta ahora el miembro más distinguido del club. El Duque podría ser su patrón honorario.