sábado, 22 de abril de 2017

OMERTÀ


Visita sorpresa en mi modesto apartamento de Poldemarx (1). Suena el timbre del portero automático, y a la pregunta ritual de quién es, responde una voz de barítono, con un deje inequívoco de autoridad: «Montalbano sono.» El comisario de Vigata, al que conozco desde hace muchísimos años, cuando era un joven inquieto que se iniciaba con talento innato en el oficio de esbirro.
¿Qué le trae por aquí, Salvo? Me contesta que se ha ofrecido a su amigo Andrea Camilleri para firmar en su nombre unos ejemplares para la Diada de Sant Jordi. En realidad él tenía que venir de todos modos por una investigación en curso; pero no a Barcelona, en Barcelona nunca pasa nada, solo menudencias, sino a Madrid, un hervidero de intrigas y crímenes.
– ¿Y quién es su sospechoso en este nuevo caso?
– ¡Ah, cualquiera! Tenemos lo que los franceses llaman embarras de choix. En Vigata, para cualquier delito en el que aparecen relacionados la política y los negocios privados, sabemos que de un modo u otro la familia Lupara estará detrás. En Madrid, salvando diferencias de detalle, ocurre más o menos lo mismo. Todo es un gran caldo de cultivo, todo está relacionado.
– No se estará refiriendo a…
– Lo siento, caro Roderigo, no puedo dar nombres ni datos. Esto es estrictamente confidencial.
– Entiendo.
– Mejor. Lo llamativo, si me permite la precisión, son ciertas concordancias colaterales. Cuando actúan, los Lupara avanzan en cuadro, como dice la historia que hacían los ejércitos napoleónicos. Todo el escuadrón unido, codo con codo. Bajo el fuego enemigo, los que caen son reemplazados sin vacilación por los de la segunda fila, y así sucesivamente, de modo que el frente sigue compacto y avanza implacable al asalto a la fortaleza. Ahora no se trata de tomar fuertes sino de esa operación peculiar llamada comúnmente “extracción de rentas”, pero el principio es el mismo: la formación compacta de combate, el codo con codo, la cobertura y la protección recíprocas para los asaltantes. Incluso algún detalle accesorio muy curioso.
– Usted dirá, mi querido Salvo.
– Entre los Lupara, “fare la bionda”, hacerse la rubia, designa una forma muy concreta de afrontar un interrogatorio policial. El sentido de la expresión es oscuro, pero viene a equivaler a salirse por la tangente, “Ah de eso yo no sé nada, señor comisario. Yo llegué al lugar de los hechos por casualidad, cómo iba a saber que alguien se había dejado cruzado en mi camino un catafero apiolado a punta de navaja y con la lengua seccionada por soplón. Yo tomé ese callejón trasero en concreto para atajar, mi intención era llevarle unos bombones a una sobrina de mi mujer que cumplía años ese día. Doce años, señor comisario. Un encanto de niña.”
– Curioso, el detalle de la rubia.
– Banal, más bien. Todo deriva de la regla básica de la omertà, la ley del silencio de la mafia. No siempre se puede callar todo, esconderlo todo, y entonces son los lugartenientes los que se comen los marrones. La mierda, con perdón, no debe salpicar nunca a los de arriba; solo al escalón intermedio, el de los cabos gastadores, los que marchan en primera fila. Las normas son estrictas. Los señalados con el dedo irán a la cárcel, pero la magistratura y las autoridades carcelarias procurarán ser amables con ellos. Después, habrá mil ocasiones para indultos estratégicos. La santa madre iglesia es muy eficaz en estos menesteres. Ya sabe, perdonar es de cristianos.
– Me deja usted de piedra, Salvo.
– Vamos, vamos, Roderigo. Sabe que en estas cuestiones los Lupara son meros aprendices. El gran juego, el de verdad, tiene lugar en las grandes capitales, en contacto estrecho con los aparatos del estado: la policía, la magistratura, el parlamento, los medios de comunicación al servicio del poder, los palcos de los estadios deportivos…
– ¡Ah, vaya, se está usted refiriendo a…!
– Ni una palabra más, caro Roderigo. Mis labios están sellados. No puedo dar nombres ni datos. Este es un asunto confidencial.
Anochece. Cruza el mar delante de nuestra terraza un gran crucero cuajado de luces, deslizándose silencioso por el agua en calma.
– Esos van a mi paese, a Génova. ¡Maldita sea mi estampa! – rezonga entre dientes el comisario. No parece que esté muy a gusto con su misión.


(1) Para quien carezca de informaciones geográficas precisas. Poldemarx es un diminuto enclave costero que forma parte de la república libre de Parapanda. No consta su situación en Google Earth debido a un veto directo emanado de la administración Trump, pero es fácil llegar allí desde Barcelona en una noche serena, tomando como referencia la segunda estrella por la derecha y siguiendo todo recto en dirección nordeste, hasta encontrar un espolón de roca a flor de agua que constituye un área de descanso para cormoranes (corbs marins en catalán). El pueblo propiamente dicho está detrás de los pájaros. Algunos residentes de Poldemarx somos también un poco cormoranes.


viernes, 21 de abril de 2017

EL CERVANTES DE MENDOZA


Eduardo Mendoza no imaginó nunca que la gente seria de ahí afuera encontraría dignos de premio los frutos de su compulsión literaria. Menos que de ningún otro, claro, dignos del premio Cervantes. Y sin embargo, los dos estaban hechos el uno para el otro. Cervantes y Mendoza, quiero decir, Miguel y Eduardo; no los premios. Seguro que a Miguel no se le llegó a ocurrir nunca que en su nombre se otorgaría el galardón mayor de la lengua castellana; pero puestas las cosas como están, seguro también que se alegraría de ver recibir el premio de su nombre a un autor como Eduardo. Con preferencia incluso sobre Javier Marías, que lo recibirá también cualquier año de estos. Con preferencia sobre otros miembros selectos de la república de las letras que renuncio a nombrar para que no piensen que les quito méritos.
En el discurso que ha pronunciado en Alcalá de Henares, ha dicho Mendoza sobre Cervantes cosas de mucha sustancia en el tono zumbón que acostumbra usar. La zumba es una estrategia en Mendoza; Brecht lo llamaba distanciamiento, que suena más serio, pero en el fondo la zumba o la sorna vienen a ser modalidades oblicuas de esa misma condición.
Y eso es lo que Mendoza apunta que ocurre también respecto del Quijote. Con referencia a una de sus cuatro lecturas canónicas, creo que la tercera, ha hablado del humor de Cervantes, y señala que no nace de las situaciones (algunas son más bien penosas, por más que nos hagan reír) ni de los chistes sobre ellas; sino de la mirada particular del autor sobre el mundo en el que está inmerso. Cuanto más loco aparece Quijano, más cuerdo lo hace parecer la habilidad de su autor para señalar los contrastes con otros personajes, pobladores de un mundo salido de quicio. Don Quijote se equivoca, y mucho (“en eso nadie nos gana”, apostilla Mendoza), pero sus errores lo configuran como un héroe trágico, apto para seguir siendo de utilidad al lector de forma permanente, a diferencia del héroe épico, “que cuando ya ha hecho lo suyo se vuelve un pelma.”
Y es que, esta es la segunda intuición prodigiosa de Eduardo Mendoza, Don Quijote está loco, sabe que está loco, y sabe además que los demás están cuerdos, y en consecuencia le dejarán hacer cualquier disparate que se le ocurra. Propone su locura a los que le rodean, y recibe sin quejarse la respuesta, a veces jocosa y a veces mezquina, que provocan en las gentes sensatas sus iniciativas descabelladas. Acaba tundido a golpes de cuando en cuando, pero da el experimento por bueno, y sigue adelante con su papel de reactivo químico, de papel de tornasol que mide el punto de acidez de la sustancia social.
Comenta entonces Mendoza: «Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo.» Es “justo lo contrario” de Don Quijote tal vez, pero no de Miguel de Cervantes. Cervantes podría haber firmado esas palabras de Mendoza. También él pensaba que el mundo, en el muy renombrado siglo de Oro, iba catastróficamente mal y todos estaban como una regadera: el cura y el barbero, el bachiller Carrasco, los duques, los cabreros, Maese Pedro y su retablo de títeres, la doncella Altisidora, Dulcinea, el doctor Pedro Recio de Tirteafuera. Todos los que a lo largo de la aventura hacen buena, con sus pedradas o sus manteos, sus chanzas o sus desdenes, la locura con retranca de Don Quijote.
 

miércoles, 19 de abril de 2017

LA MATERNIDAD DE ELNA


A Jordi Mir

Elna (Elne en francés) es una población rosellonesa, al sudeste de Perpinyà, con una hermosa catedral románico-gótica que resume en sus torres cuadradas y en su claustro prodigioso muchos siglos de historia. Fue el lugar elegido por Matisse para instalarse con algunos amigos pintores para trabajar con criterios nuevos sobre el color, de modo que no es exagerado llamarla cuna del fauvismo. Y en 1939 una maestra suiza, Elisabeth Eidenbenz, escogió un edificio semiabandonado de los alrededores, el palacete de Bardou, para instalar en él una maternidad que ayudara a las mujeres republicanas españolas  refugiadas en los campos vecinos de Argelers, Saint-Cyprien o Le Barcarès.
El edificio tiene cuatro plantas, grandes ventanales y una terraza abierta al sur. Allí nacieron un total de 597 niños entre noviembre de 1939 y la Pascua de 1944, bajo la protección precaria de la neutralidad suiza primero, y luego de la Cruz Roja internacional. Fueron en los primeros años bebés españoles, fugitivos de las represalias por la guerra civil; después judíos, fugitivos del horror nazi. El equipo que les atendía estaba compuesto por alumnas de la escuela suiza de enfermería y por voluntarias, tanto de las localidades vecinas como refugiadas de los campos de concentración. En un pequeño automóvil, apodado Rocinante, Elisabeth en persona recorría la región y brindaba ayuda a las embarazadas de los campos. En Elna tenían sol, agua abundante, comida suficiente. Se trabajaban los campos vecinos (hoy hay un alcachofar frente al jardín). Había clases prácticas de cuidado a los bebés; también se cantaba mucho a coro, según los testimonios de mujeres que estuvieron allí. Todo acabó con la apropiación del edificio por el ejército alemán, después de varias inspecciones siniestras de la Gestapo en busca de judíos, a las que Elisabeth Eidenbenz opuso una resistencia hosca y tozuda.
Muchas mujeres debieron a Elna y a Elisabeth en aquellos años la vida propia, además de la de sus hijos. Hoy los 597 nacidos allí están inscritos en una larguísima lista, en una de las paredes.
La recuperación del palacete de Bardou y de la memoria de la maternidad son hechos muy recientes. Carmen y yo habíamos visto una pequeña exposición de fotografías y testimonios en el museo local de Elna, hace años. Luego fue Jordi Mir, amigo y colega en aventuras editoriales, quien en una conversación casual me informó de que se había recuperado el edificio y convertido en un memorial. Hace muy poco vimos por TV3 una película, La llum d’Elna, dirigida por Sílvia Quer, y un documental centrado en el reencuentro de mujeres con el lugar de su maternidad o de su nacimiento.
Hemos aprovechado una estancia de mi hija y mis nietos griegos para hacer una escapada de dos días al Rosellón, incluida visita a Elna. Estaban también allí, cuando llegamos, tres autocares de visitantes que venían de Girona. Mis nietos lo miraron todo con mucha atención y cara seria. No era una historia feliz, pero sí aleccionadora. A Mijaíl le costó asimilarla: «Tengo problemas», nos anunció.
Elna manda una señal fuerte a la Europa triste de los refugiados, de las nuevas barreras y del racismo. Perpinyà estaba en ascuas por la campaña electoral. Delante del Hôtel de Ville, junto a la Loge (Lonja) gótica catalana, vimos los carteles colgados de los candidatos. La foto de Marine Le Pen estaba rayada y adornada con un epíteto poco amable (grosse pute). Macron también aparecía rayado, pero sin comentarios. Mélenchon parece bien considerado, a juzgar por lo menos por las listas del FNAC, en las que su libro-programa figura con el número 2 entre los más vendidos de no ficción.
Pero en Francia, como en Europa, todo está aún por decidir. La silueta casi futurista del palacete de Bardou podría ser un símbolo de lo que muchos queremos para Catalunya, para España, para Francia, para Europa.
 

lunes, 17 de abril de 2017

ROTACIÓN EN EL EMPLEO


2016 ha sido un año magnífico sobre el papel para la economía española. Se crearon más de cien mil empresas, por primera vez en la historia del país, y se cerró el ejercicio sin rebasar el déficit previsto, por primera vez en la historia del presente gobierno. He dicho antes “sobre el papel”. Conviene retener el matiz, porque vistos de esa manera los datos ofrecen disparidades sorprendentes con lo que se manifiesta en la prosa cotidiana.
Crear una empresa es en muchos casos un expediente sugerido desde una asesoría de negocios para reconvertir los tipos impositivos previstos para las personas físicas en los que rigen en el impuesto de sociedades, mucho más benévolos. Ocurre así porque en política fiscal se parte de la suposición de que el objeto de las empresas es dar empleo a personas, pero nadie pondría la mano en el fuego porque tal suposición se cumpla ni siquiera en el 50% de los casos.
De otro lado, la cuadratura de los presupuestos generales del estado se ha realizado mediante un vistoso artificio de quita y pon. La recaudación fiscal creció de forma repentina un 8% en el mes de enero, y un 5,8% en febrero, lo estrictamente justo para contener el déficit en los términos exigidos por Bruselas: 4,33%. Detrás de ese incremento, sin embargo, se detecta alguna “anomalía”, según reconoce el propio ministerio de Hacienda. La anomalía parece consistir (cito a Santiago Carcar en “bez”) en que dos empresas, dos grandes bancos, han cotizado a Hacienda de más, considerablemente de más, por “error”; en un caso en las retenciones del capital mobiliario, en el otro en el IVA. El montante de lo cotizado “erróneamente”, cerca de 1.500 millones de euros, ha cuadrado el déficit pero será devuelto, una vez se haya comprobado el “error”, a las empresas. O, más bien, se rectificarán los asientos contables, porque el dinero físico, el cash, no se ha movido en ningún momento de su lugar en las cajas acorazadas de las entidades. El déficit ascenderá entonces a lo que ascienda, pero desde Bruselas ya no darán más la lata hasta ver lo que ocurre con el cierre del siguiente ejercicio.  
En ambos asuntos ha habido una dosis considerable de “posverdad”. No estamos entonces en un crecimiento económico de verdad, sino de posverdad. Se demuestra con números que la economía ha crecido, pero se disimula “cómo” y en qué parámetros precisos ha crecido la economía. Se sigue sosteniendo como si fuera una verdad absoluta que, con el aumento del pastel, también los peor situados acabarán por recibir las migajas que caen de la mesa del banquete. Pero no va a ser así necesariamente; hay muchos expertos en absorber todas las migajas esparcidas en el mantel, sin dejar que caiga al suelo siquiera una.
Veamos otro caso. Según las estadísticas facilitadas por el Sepe (Servicio Público Estatal de Empleo), se han formalizado en 2016 un total de 19.978.954 contratos de trabajo, aunque solo se ha contratado a 7.053.023 personas. Eso quiere decir que la rotación en el empleo se ha situado en un 2,83. A cada trabajador realmente empleado le han correspondido 2,83 contratos en este año. En 2015 fueron 2,75; en 2012, 2,38. La anomalía no se corrige, sino que se incrementa.
Un 27,9% de esos siete millones de nuevos empleados suscribieron a lo largo del año pasado tres o más contratos de trabajo; un 2% de ellos (141.248 personas) llegaron a suscribir la cifra desoladora de quince contratos o más; uno cada veintipocos días. No crece la economía entonces, sino su impulso rotatorio. El bucle. La locomotora real del empleo es la velocidad con la que se hacen y se deshacen los contratos. Los números hablan de una prosperidad creciente; la realidad, de un deterioro de las condiciones de empleo. Tanto en el caso de los nuevos empleados, como en el de los que han conservado su puesto durante la crisis, pero han visto menguar su poder adquisitivo, incrementarse la jornada, disminuir los descansos, aumentar los ritmos. Puntualizando, Borja Suárez, profesor de Derecho del Trabajo en la UAM, señala que las dos palancas que han impulsado la “recuperación” económica han sido el uso fraudulento generalizado de la contratación temporal, y la utilización abusiva del despido.
No parece deducirse de todo ello que nos espere un gran porvenir, pero el ministro Montoro es un crack en las operaciones de maquillaje y efectos especiales. Seremos el La La Land del mundo.
 

LA EXPLOSIÓN DE THERA

Varios sucesos que conmocionaron el mundo antiguo y han llegado a nosotros por vías diferentes, podrían haber tenido un origen común. En concreto, el mito de la Atlántida, la salida de Israel de su esclavitud en Egipto y el final de la civilización minoica en Creta, pudieron haber dependido de una tremenda erupción volcánica localizada en la isla de Thera, una de las Cícladas, conocida hoy con el nombre de Santorini. El cataclismo tuvo lugar hacia el año 1470 antes de nuestra era, y se ha escrito mucho sobre el tema; yo sigo en este apunte, sin más pretensión que la divulgativa, el bien documentado relato del poeta y ensayista polaco Zbigniew Herbert en El laberinto junto al mar (Acantilado, Barcelona 2013, traducción de Anna Rubió y Jerzy Slawomirski).
La civilización cretense, llamada minoica por el más o menos mítico rey Minos, fue redescubierta por el arqueólogo Arthur Evans, que “resucitó” el palacio real de Cnossos y otros centros políticos y ceremoniales. Creta había caído en manos de pueblos de origen dorio hacia el 1200 antes de nuestra era. En la Grecia continental aquella guerra tomó la forma del mito de Teseo, el héroe que mató en su laberinto a Minotauro, monstruo engendrado por la reina Pasífae de un toro, y liberó a los atenienses del tributo anual de siete muchachos y siete doncellas entregados a la voracidad de Minotauro.
Con todo, la arqueología ha datado la destrucción violenta de los palacios cretenses en un momento bastante anterior a la conquista; y también se constata que el activo comercio de Creta con Egipto y Asiria quedó interrumpido por lo menos dos siglos antes de su sumisión a Atenas.
De otro lado, en dos de los últimos diálogos de Platón llegados hasta nosotros, el Timeo y el Critias, el filósofo hace alusión al hundimiento en el mar de un continente “mayor que Libia y Asia Menor juntas”. El legislador ateniense Solón tuvo noticia de dicho suceso durante una estancia en Egipto, por boca de los sacerdotes de aquel país. Solón habló a Platón de la desaparición de un continente debida a una gran explosión ocurrida nueve mil años atrás en el Atlántico, acompañada por fuertes temblores de tierra y columnas de humo que se hicieron visibles en todo el orbe.
A pesar de la incongruencia de los datos, las noticias recogidas por Solón podrían aludir a la gran erupción que sepultó en el mar la mayor parte de la isla de Thera. Al paso de las generaciones, todo el magno suceso se había hecho mucho más remoto en el espacio y en el tiempo de como realmente ocurrió. La erupción debió de producirse unos novecientos (y no nueve mil) años antes del viaje de Solón a Egipto; y Santorini no está en el Atlántico sino en el mar Egeo, apenas cien kilómetros al norte de Creta, y a una distancia no mucho mayor del delta del Nilo, de modo que los efectos de un fuerte movimiento sísmico tuvieron que ser muy perceptibles en toda la cuenca del Mediterráneo oriental. La antigua Thera no podía ciertamente ser confundida con un continente, pero tenía una extensión por lo menos tres veces superior a la actual Santorini, y estaba coronada por un gran cono volcánico de más de mil quinientos metros de altitud. De hecho el volcán ya parcialmente sumergido entró de nuevo en erupción en 198 a.C., y de ello nos han llegado noticias más precisas a través del geógrafo Estrabón. «A mitad de camino entre Tera y Terasia, unas llamaradas brotaron del piélago por espacio de cuatro días, de suerte que el mar hervía y ardía.» Grandes olas barrieron las Cícladas, Eubea, Fenicia y Siria, y destruyeron dos terceras partes de la ciudad de Sidón. Poco a poco, como empujada por una palanca, surgió a la superficie del mar una nueva isla compuesta de materiales incandescentes.  Esta isla, emergida a poca distancia del perfil occidental de Santorini, se llama hoy Palea Kameni, la “Vieja Quemada”.
Los sismólogos calculan que la anterior erupción de Thera pudo ser cuatro veces más violenta; mayor incluso que la histórica del volcán Krakatoa, en Sumatra, que también provocó el hundimiento de una porción amplia de tierra y toda clase de cataclismos. Más fuerte aún, en algunos aspectos, que la explosión de una bomba atómica. La lava del Vesubio enterró a Pompeya, pero los palacios de Cnossos, Festos, Hagia Triada y otros situados a lo largo de la costa septentrional de Creta debieron de ser arrasados de forma súbita por el terremoto mismo y por su secuela, una gran ola de más de cuarenta metros de altura.
En Egipto el cataclismo debió de manifestarse con temblores repetidos, un oscurecimiento de la luz diurna, lluvias de cenizas, aguas de color terroso, plagas y epidemias diversas. En un papiro de la época de la XVIII Dinastía, se habla de «una larga noche, truenos, diluvios y días en los que el sol del firmamento era tan pálido como la luna. No había manera de salir de casa, y unas tempestades violentas hicieron estragos durante nueve días. ¡Oh, que enmudezca por fin el estruendo de la Tierra!»
La descripción del papiro viene a coincidir con el relato de las plagas de Egipto en la Biblia. En aquel ambiente de terror telúrico, Moisés pudo conseguir de Faraón permiso para marchar con su pueblo hacia la Tierra Prometida. Es aventurado relacionar el paso del mar Rojo con un tsunami, porque el período de retirada de las aguas no pudo ser tan largo como para permitir el paso de una multitud que por fuerza tenía que moverse con lentitud. Pero el fenómeno del cauce seco del mar y la posterior irrupción de una gran ola que lo cubrió todo, sí pudo ser observado y anotado por testigos del suceso que sobrevivieron a la catástrofe; y sin duda la fuerza de las aguas puso fin al poder de los ejércitos de Faraón, si habían acampado en las proximidades del lugar.
Luego, la vida siguió su curso. Creta fue invadida, pero volvía a ser un reino poderoso en la época de la guerra de Troya, cuando su rey Idomeneo contribuyó con ochenta naves a la gran coalición de ciudades griegas presidida por Agamenón. Egipto siguió su trayectoria milenaria, e Israel se asentó en Palestina e inició una etapa de luchas continuadas con los filisteos y otros pueblos de la región. De la gran catástrofe de Thera quedaron algunos testimonios escritos que, de forma imperfecta y fragmentaria, han permitido a los estudiosos de siglos muy posteriores reconstruir a su modo lo sucedido.
 

domingo, 16 de abril de 2017

RUBIAS SON TONTAS


Palabra de Cristina Cifuentes: «Cuando te reúnes con hombres y te haces la rubia, consigues muchísimo más.» Se lo dijo en confidencia a la admirable Milagros Pérez Oliva, que retrucó: «¿Qué es hacerse la rubia?» «La tonta, como que no te enteras.»
Dijo Cristina en la misma entrevista que, una vez conseguida la igualdad legal de la mujer, lo único que subsiste son “micromachismos”; pero las palabras anteriores contradicen esta conjetura azarosa. De ser cierta la segunda afirmación, lo que Cifuentes habría dicho antes es que “todavía en algunos ambientes, cuando te reúnes con ciertos hombres”, etc. Sin embargo habló de “hombres”, en universal.
Que el machismo no es meramente una cuestión residual, lo sabemos todos. Bastaría con consultar las estadísticas de violencia de género para confirmarlo, por más que quizás Cifuentes se atreva a definirlas de muestras esporádicas de una “microviolencia” residual. En el PP son expertos en la teoría de los casos aislados no extrapolables.
Situémonos, entonces, en un terreno ajeno por completo a la violencia. Los caballeros, según una añeja película que protagonizaron Marilyn Monroe y Jane Russell, las preferimos rubias aunque tengamos tendencia a casarnos en cambio con las morenas. Pero Sonia Sotomayor, justice del Supremo estadounidense, de origen puertorriqueño, es morena y no consiente, en el austero entorno del tribunal, en pasar por rubia según la estrategia Cifuentes. Según cuenta Sol Gallego Díaz en elpais, ha sido interrumpida en 41 ocasiones por sus colegas varones, en sus intervenciones en el foro. Las interrupciones han consistido, prácticamente en todos los casos, en mansplaining, neologismo anglosajón consistente en que un varón explica pacientemente a una mujer algo que ella ya conocía perfectamente sin su ayuda. Lo cual viene a significar que no es en absoluto excepcional la actitud protectora del varón cuando, sea cual sea el color del pelo de la mujer con la que interactúa, la toma por rubia. Por tonta.
Sonia Sotomayor consiguió la proeza poco frecuente de reencontrar el hilo de su discurso y acabar de expresar con toda exactitud lo que quería decir, después de las 41 interrupciones. Ni se irritó, ni se descompuso, ni se dejó arrastrar a polémicas colaterales. Tampoco, en ningún momento, se le ocurrió prevalerse de las ventajas circunstanciales que una morena puede conseguir ejerciendo de rubia, según la “feminista moderada” Cristina Cifuentes. Bravo por Sonia.
 

sábado, 15 de abril de 2017

GLORIAS CULINARIAS QUE CAMPEAN POR ESPAÑA


Un británico defensor del Brexit apuntó en un rotativo de las Islas que no se pierden tanto aislándose de Europa. La cocina española, es el ejemplo que dio, está sobrevalorada (overrated), y las famosas patatas bravas no son otra cosa que chips con kétchup.
La conclusión evidente es que ese individuo se merece quedarse donde está y seguir alimentándose con rosbif hervido a la menta. La honesta patata brava de tantas tascas anónimas pero decentes se habrá estremecido en su tumba al escuchar la descripción. La RAE, caso de ser receptiva al sentir popular, cosa que está aún por demostrar, debería incluir en sus trabajos una variante moderna del adagio que afirma que es tiempo perdido arrojar margaritas a los puercos. Ahora puede añadirse que mayor pérdida de tiempo aún es arrojar patatas bravas a un inglés.
El caso es que hay mil fórmulas diferentes para preparar las patatas bravas, y buena parte de ellas responden adecuadamente al fin para el que fueron creadas. Otras, por supuesto, no: chips con kétchup es un afrenta innoble a cualquier norma gastronómica y dietética.
Sería vano seguramente decidir quién inventó las bravas, porque la patata con salsa picante no responde a un canon establecido, como el de la estatuaria clásica, y cada cual se ingenia a su modo para prepararla.
Lo mismo ocurre con la tortilla de patatas, salvada la erudición de don Javier López Linaje, científico del CSIC. Don Javier ha escrito un libro titulado La patata en España. Historia y agroecología del Tubérculo Andino. Y allí sitúa la invención de la tortilla de patatas en Villanueva de la Serena, Badajoz, y en el año de 1798. Habrían sido sus inventores Joseph de Tena Godoy y el marqués de Robledo. En la localidad pacense proyectan erigir un monumento a la tortilla de patatas, gloria local. Me parece bien, hay monumentos mucho menos justificados, por ejemplo el tan controvertido al Alférez Provisional, en Madrid.
Pero no por ello se debe pensar que Tena y Robledo inventaron el exquisito comistrajo. Todo lo más, lo interpretaron a su conveniencia y pusieron el resultado por escrito. Quizás ni eso. Pudo ocurrir simplemente que, hambrientos al regresar de una partida de caza o de una galopada por el latifundio, el marqués pidiera a su cocinera, “Antonia, ponnos algo sustancioso para cenar, que venimos desfallecidos”. Y Antonia añadiese algunos trozos de las patatas que guardaba en la despensa a la tortilla viuda de otras noches.
Pero eso mismo pudo ocurrir al mismo tiempo, antes incluso, en otros lugares y para otras personas que no pensaron en poner por escrito la delicia que les había reconfortado los estómagos. La erudición se empeña en recrear la historia a partir de los textos escritos, pero los textos escritos solo contienen una parte ínfima de lo que sucede. Bien está que la tortilla española proceda de Extremadura, pero tanto daría que fuera berciana o alicantina. En unos lugares añadieron a la patata chorizo, en otros pimientos, o jamón. El tema de la cebolla sí o no sigue sujeto a controversias furibundas. Yo soy un negado para esa alquimia, pero Carmen – la tienen aquí al lado, los dos delante del Partenón – ha inventado a lo largo de los años docenas de tortillas con distintos ingredientes y grados de melosidad y jugosidad. Seguro que no desmerecerían en la compulsa con lo que pusieron a punto don Joseph Tena y el marqués de Robledo, supuesto que la artífice real del invento no fuera, a fin de cuentas, la señá Antonia.
  

viernes, 14 de abril de 2017

REPERCUSIONES INTERNACIONALES DE LA SEMANA SANTA


Esta semana santa viene movida porque el populismo acecha en todos los rincones para promover desórdenes que afectan hondamente a la gente de orden en general y al nazarenío en particular. En la Madrugá de Sevilla se produjeron ayer alborotos, con golpes en el suelo y gritos amenazadores según crónicas de los diarios, que provocaron varias estampidas de los devotos. El más lamentable fue tal vez el desbaratamiento del cortejo de la Esperanza en el puente de Triana. Los músicos no pudieron seguir en la procesión y algunos necesitaron atención psicológica.
Hay ocho detenidos, y es seguramente el momento oportuno para poner coto severo al desmán. No debe olvidarse nunca que el Nazareno sufrió pasión muy especialmente, si no en exclusiva, por nosotros. La semana santa es marca España, las banderas ondean aquí a media asta y en ningún otro país existe la costumbre de indultar a presos en recuerdo del Inocente por antonomasia. Además el paquete turístico semana santa-feria de abril es, hoy por hoy, imbatible en Andalucía. Los turistas acuden atraídos por nuestras tradiciones y procuran emularnos en todo: leo que un turista abroncó en el metro de Barcelona a dos lesbianas que se besaban en público. El gesto es bonito, si bien algo melancólico. Hace años la ciudadanía indígena más consciente se habría adelantado al guiri por varios cuerpos de ventaja. ¿Qué nos está pasando?
Otros signos premonitorios acentúan la alerta. Llegará un día en que la semana santa será un evento internacional, y la Macarena recorrerá en procesión las calles de, qué sé yo, Bombay o San Francisco. El turista devoto podrá flagelarse las carnes entre baño y baño de mar en Playa Bávaro o Phuket. Todo será distinto.
Por ejemplo, el sommelier Diego Di Giacomo, apoyado por algunos estudiosos del tema, sostiene que el vino consumido por Jesús en la última cena fue, «con cierto margen de error, un caldo denso, de cierto cuerpo, con un breve añejamiento, una graduación alcohólica en torno a los 14 grados, procedente de las uvas parientes de la que hoy se conoce como Syrah.» Las cepas de Syrah proceden de Persia; una decepción para quienes apostábamos desde siempre por un fino amontillado o, mejor aún, por una manzanilla procedente de Sanlúcar. Lo que nos salva aún es esa prevención, “con cierto margen de error”. Pero con los progresos de las ciencias en todos los terrenos, las probabilidades de rectificación son escasas.  
Lo más fuerte de la semana santa de este año, además, no ha sido lo del puente de Triana. Ayer a las 19.32 hora local, en el distrito de Achin, provincia de Nagarhar, Afganistán, Donald Trump ha hecho estallar un ejemplar de la madre de todas las bombas no atómicas, el GBU-43, que pesa diez toneladas y mata por una onda de presión aérea. Han muerto por lo menos 36 guerrilleros del ISIS, y se ha destruido abundante material bélico.
Con los recortes drásticos en nuestros presupuestos y el ojo avizor de las autoridades de la Unión europea, el Fondo monetario y el Banco mundial, que no pierden detalle de nuestra compulsión secular a gastarnos los préstamos bancarios en vino, mujeres y procesiones, no sé cómo vamos a poder competir con festejos internacionales de ese volumen.
 

jueves, 13 de abril de 2017

FONDO DE ARMARIO


David Bonvehí es el responsable de organización del PDeCAT, retahíla impronunciable de siglas en la que ha renacido la antigua Convergència Democràtica de Catalunya. A ojo de buen cubero yo, que soy experto en la materia, me atrevo a afirmar que Bonvehí es uno de los políticos todo terreno más competentes que es posible encontrar hoy en una especialidad en la que la calidad nunca abunda. Bonvehí, en cambio, se sale. La prueba del algodón son sus recientes afirmaciones en una cena con las bases del partido, en Manresa. Dijo en la ocasión que si las cosas del procès van bien encarriladas en las próximas calendas electorales, colocarán un candidato “normal”; si todo está muy liado y hace falta un empujón para desencallarlo, pondrán a alguien muy independentista; y si todo ha salido mal y la moral anda por los suelos, tampoco hay que preocuparse porque pondrán a un autonomista.
Algunos se han escandalizado ante un realismo que sitúa su centro de gravedad tan a ras de tierra. No hay por qué. Zidane y Luis Enrique hacen lo mismo con la alineación de sus clubes todos los fines de semana. Para lucirse está la alineación de gala; en los trances apurados se busca un revulsivo; y si el marcador no deja esperanzas, se conceden minutos de juego a alguno de esos chicos que se definen colectivamente con el concepto poco glamuroso de “fondo de armario”. En el fondo de armario hay gente muy apañada que está suspirando por una oportunidad que le permita mostrar su potencial real al socio y a la prensa.
Igual que después de una liga viene la siguiente, de modo que siempre es posible enmendar los desastres y volver a empezar desde cero, también con las elecciones cabe aplicar la misma regla: si el 3-4-3 no dio resultado y el soberanismo no consiguió plantar una pica entre los cacahuetes de la hacienda de Jimmy Carter, paciencia. Ya llegarán tiempos mejores, y para el mientras tanto siempre habrá un autonomista voluntarioso capaz de cubrir el expediente sin remilgos.
Marx (no Carlos, Groucho) ya expresó el mismo pensamiento con profundidad y concisión: «Estos son mis principios, pero si no le gustan no se preocupe: tengo otros.»
 

miércoles, 12 de abril de 2017

GEOGRAFÍA DEVOTA DE LA SEMANA SANTA


Con cierto asombro, porque soy persona poco impuesta en estos entreveros, me entero por la prensa de que la cofradía de Jesús el Rico, de Málaga, se quedará por primera vez en 160 años sin el tradicional indulto por la semana santa de un preso de la provincia. El gobierno ha accedido a las peticiones razonadas de las cofradías de seis provincias representativas de la piedad y la tradición castiza española; pero no a la de Málaga. Es un feo considerable, ya que no había razón imperativa para que el ministerio de Justicia desatendiera la instancia elevada a través de los canales reglamentarios por la cofradía malagueña: no hay numerus clausus en la concesión graciosa de los indultos, e igual que este año se han implementado siete, el pasado fueron trece, y en 2014 habían llegado a veinte. Quizás, cabe argumentar, el crecimiento de la alarma social debida a la corrupción de la vida pública ha aconsejado mayor sobriedad y un recorte adicional en la utilización de puertas giratorias entre las prerrogativas del gobierno de la nación y las de las cofradías piadosas.
Puede ser útil cartografiar la influencia comparativa de las provincias españolas en este curioso concurso de devoción. La lotería del ministerio ha recaído este año en Sevilla, Madrid, Salamanca, Oviedo, Zaragoza, y por dos veces en León, una en la capital y la otra en Ponferrada. Las cofradías agraciadas han sido la Archicofradía de Nazarenos del Sagrado Decreto de la Santísima Trinidad, Santísimo Cristo de las Cinco Llagas, María Santísima de la Concepción, Nuestra Señora de la Esperanza Coronada y San Juan Bosco, todas ellas de Sevilla; la ponferradina Real Hermandad de Jesús Nazareno; la madrileña Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno Cristo de Medinaceli; la salmantina Seráfica Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Agonía y de Nuestro Padre Jesús del Perdón; la ovetense Hermandad de Jesús Cautivo; la zaragozana Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y del Santo Sepulcro, y finalmente la leonesa Cofradía del Santo Cristo del Perdón.
A todas ellas, mi más expresiva enhorabuena. Pero me sigue pareciendo injusto que Jesús el Rico se haya quedado esta vez sin su indultado malagueño. Si el indulto era incluso un reclamo turístico, por dios. Hacía 160 años que no ocurría una cosa así. Un escándalo. Ni los más viejos de la localidad recuerdan nada semejante.
 

martes, 11 de abril de 2017

UN VOTO NO DE CLASE


Así transcurre la entrevista telefónica de Irene G. Pérez a Mike Savage, sociólogo británico, aparecida en CTXT (1):
«– ¿Cuál es la inclinación política del precariado?
En nuestro estudio, el precariado estaba bastante desilusionado, era bastante escéptico respecto a la política. Sin duda lo era respecto a la política oficial del Partido Laborista y del Partido Conservador. Tenemos la imagen de un cambio hacia una política más populista, que se ha podido ver en el Brexit. Mucha gente del precariado no se sentía atraída por vivir en Europa porque no veía qué ventajas le ofrecía personalmente el hecho de quedarse en Europa, y también había preocupación por la inmigración. El precariado no es particularmente de izquierdas, tiene mucho más que ver con una visión cortoplacista, se siente más atraído hacia políticas y líderes anti-establishment.
– ¿Diría que el Brexit fue un voto de clase?
– No sólo de clase, pero sí que la clase fue uno de los elementos, junto con el miedo a la inmigración, la raza… Los resultados del referéndum muestran que fueron quienes vivían en zonas pobres los que se inclinaron por abandonar la UE. Las personas que vivían en zonas con más inmigrantes y un nivel de estudios superior tendieron a votar a favor de permanecer.»
 
Existe un esfuerzo considerable en la sociología de campo, en particular la británica, por unificar bajo el nombre de precariado a unas capas sociales extensas (cada vez lo son más, por desgracia) caracterizadas a partir del entrecruzamiento de una serie de clasificaciones objetivas fácilmente constatables: bajo nivel de renta; empleo temporal, esporádico y mal retribuido; nivel de estudios primario, etc. El elemento unificador más importante para todas esas situaciones es, sin embargo, el deseo de quien las padece de escapar de un determinismo social que le empuja a una marginación sin esperanza. El escape se concibe en términos individuales, no colectivos; como un ascenso social, no como una emancipación.
En este sentido, el precariado sería una no-clase social: la única aspiración de quienes componen esta no-clase es abandonarla, mediante un golpe de suerte en el mercado de trabajo (un empleo estable) o en el estado de sus finanzas (una herencia, un premio en la lotería o en el bingo). Si todas esas personas están juntas en una clasificación, lo están, según una expresión de Carlos Marx, «al modo como las patatas de un saco forman un saco de patatas».
La constatación de Savage, en el sentido de que la visión política del precariado no es particularmente de izquierda sino cortoplacista y anti-establishment, es exacta, pero al mismo tiempo muy poco significativa. Esa “visión política” no responde a una perspectiva de futuro, sino más bien, precisamente, a la carencia racional de toda perspectiva de futuro. Lo cual conduce a depositar las esperanzas en una sacudida brusca, un cambio radical de escenario que, de alguna forma, conduzca a un nuevo reparto de naipes.
Se trata de un albur que se está dispuesto a correr, más que de una “visión” política. La posición del precariado viene a equivaler, volviendo a Carlos Marx para poner un ejemplo histórico célebre, a la de los campesinos parcelarios descritos en El 18 Brumario de Luis Bonaparte. Permítaseme una cita amplia, dirigida a subrayar las analogías entre el voto de aquella no-clase a Luis Bonaparte, en un caso, y el de esta nueva no-clase al Brexit, o para el caso, a Trump, y quién sabe a qué cosas más en un futuro próximo:
«Por cuanto existe entre los campesinos parcelarios una articulación puramente local y la identidad de sus intereses no engendra en ellos ninguna comunidad, ninguna unión nacional y ninguna organización política, no forman una clase. Son, por tanto, incapaces de hacer valer su interés de clase en su propio nombre, ya por medio de un parlamento o por medio de una asamblea. No pueden representarse sino que tienen que ser representados. Su representante tiene que aparecer al mismo tiempo como su señor, como una autoridad por encima de ellos, como un poder ilimitado de gobierno que los proteja de las demás clases y les envíe desde lo alto la lluvia y el sol. Por consiguiente, la influencia política de los campesinos parcelarios encuentra su última expresión en el hecho de que el poder ejecutivo someta bajo su mando a la sociedad.» (2)
     


(2) K. Marx, El 18 Brumario…, p. 145. Ariel, 1968. Traducción de O. P. Safont. Debo a Bruno Estrada la cita felizmente significativa, aunque él extrae de la descripción marxiana conclusiones diferentes.

 

lunes, 10 de abril de 2017

DIALOGANDO SOBRE EL SINDICATO


Anteayer José Luis López Bulla reprodujo en su blog un post mío (sobre la economista Ann Pettifor), y añadió unas reflexiones interesantes sobre lo viejo, lo nuevo, el trabajo y el sindicato (1). Retomo ese diálogo. No exclusivamente sobre mis espaldas; traeré a colación en este tema a un amigo por desgracia recientemente desaparecido, Riccardo Terzi.
José Luis cita una frase de Terzi sobre la necesidad de que el sindicalista sea al mismo tiempo un experimentador social. He escrito “al mismo tiempo”. Intento evitar equívocos: de otro modo alguien podría entender que lo que se propone es que el sindicalista “se convierta” en un experimentador social. No van por ahí los tiros; podríamos saltar a la conclusión, falsa, de que el sindicalismo es “lo viejo”, y lo nuevo es la experimentación. El sindicalismo no es viejo porque, por más que haya cumplido ya muchas primaveras, se renueva constantemente. Es esa renovación lo que tiene que ver con la experimentación social, con el aguzamiento de las antenas para detectar realidades perceptibles, aunque ocultas a veces debajo de la rutina.
Nada, entonces, de: “o sindicalismo, o experimentación”. No hay disyuntiva, lo primero incluye lo segundo.
Cuando se hace bien. Cuando el centro de la actividad es el lugar de trabajo, sujeto a mil y un imponderables que varían de día en día, casi de hora en hora. Cuando la acción sindical no es un remanente, algo que se desarrolla al final de la jornada en la “casa” sindical.
Una expresión feliz del jurista Umberto Romagnoli, que he citado muchas veces antes y seguiré citando, compara el sindicato con un centauro, por su naturaleza híbrida: tiene los pies hundidos en el suelo social, y la cabeza erguida en el cielo de las instituciones.
Nuestros sindicatos están inscritos en la Constitución, tienen un deber constitucional que cumplir en el estado de derecho diseñado por nuestra ley suprema. No les han puesto fáciles las cosas las sucesivas “reformas” laborales; pero la función social de los sindicatos representativos en una concertación erga omnes, es decir no limitada a sus propios socios, es algo escrito en bronces. No va a ser fácil que lo ignore el actual “estado de torcido” que nos desgobierna.
Además de afirmar la posición erguida de su cabeza en las doradas nubes del Olimpo institucional, el centauro sindical tiene necesidad de pisar con brío el suelo social que lo sostiene. En la medida en que aquí están, estos son – y lo seguirán siendo –, los trabajadores y no los robots, los que aguantan la nación, en la medida en que el trabajo productivo ocupa – y seguirá ocupando – un lugar central en la política correctamente entendida, la centralidad de la acción sindical debe necesariamente sostenerse y afianzarse en los millones de personas que ocupan puestos de trabajo (precarios, temporales, a tiempo parcial, lo que sea) en lugares definidos de trabajo (no hablo aquí de “centros” de trabajo, por la dispersión y la fragmentación que predomina en los procesos productivos y de la prestación de servicios). Y en condiciones difíciles por el aislamiento en el que muchas veces se lleva a cabo la actividad laboral, el sindicalista debe necesariamente llegar hasta las personas concretas, sin contentarse con barajar categorías abstractas de trabajadores. Personas singulares, todas y cada una de ellas importan. Y debe escucharlas, y conocer a fondo sus prioridades y sus exigencias, para empoderarlas de forma que protagonicen en primera persona toda la larga saga de concertación colectiva, tensada por el conflicto y la movilización, que conducirá a una mejora pactada de las condiciones salariales y organizativas colectivas que determinan el trabajo de cada cual. A eso se le llama democracia industrial.
Por eso es importante la experimentación social en el sindicalista, sin que por ello deje de ser sindicalista, sino al contrario; para serlo más y mejor. Porque él no es el protagonista, sino el vehículo mediante el cual el protagonista real, la voluntad colectiva libremente debatida y expresada desde abajo, puede abrirse paso hasta desembocar en cambios legislativos y en reformas estructurales que apuntalen un estado, un mundo, más justo.
No solo entonces el sindicalista es experimentador social; también ha de ser filósofo, si sacamos el concepto de filosofía de los ateneos y lo llevamos a la calle y a la empresa. El propio Riccardo Terzi expresó la idea de la siguiente forma: «Pienso que el sindicato, en el momento en que profundiza su función de representación, puede ser el portador de una nueva cultura. Un sindicato autónomo, que tiene su fuerza en sí mismo, y que no se deja enredar en las maniobras de la política. En mis arrebatos más idealistas he llegado a hablar de un sindicato «filosófico», que busca representar a las personas en toda la complejidad de su condición, y que para eso busca respuesta a las preguntas fundamentales.»
 
 

domingo, 9 de abril de 2017

OTRAS VÍCTIMAS DE LA MODERNIDAD


Oí más de una vez contar a Marcelino Camacho, en sus siempre sabrosos y pedagógicos informes sindicales, que el capitalismo se parece al gorrión en la inconstancia (“da un saltito adelante, otro de lado, picotea, se cansa, vuela a una rama baja, se posa otra vez en el suelo…”) Era cómico imaginarlo, y nos ayudaba a representarnos en miniatura los defectos estructurales de un sistema económico de dimensiones gigantescas.
No era una buena comparación, sin embargo. Y no lo digo por el hecho evidente de que el capitalismo no tiene los huesecillos frágiles y el perfil leve del gorrión común; sino porque este, Passer domesticus, es un amigo sincero de los humanos, un compañero fiel, poco exigente en cuanto a hábitat y alimentación. Cuando una aldea remota es abandonada por sus habitantes, los gorriones que la colonizaban también emigran; los humanos somos siempre su punto de referencia principal.
Pero desde hace años se viene produciendo una terrible mortandad silenciosa, se afirma en un reportaje de elpais. La especie está en peligro. Entre 1980 y 2013 ha desaparecido el 63% del parque de gorriones europeos; en veinte años, se han perdido ocho millones de ejemplares solo en España.
Las causas son complejas: plaguicidas, cambio climático, emisiones de dióxido de carbono, entorno hostil a la nidificación en los edificios modernos de cemento y cristal. Los excesos del capitalismo están matando la biodiversidad, y el gorrión es biodiversidad. No tiene un carácter inconstante, sino tímido. Es una víctima de la imprevisión, del descuido, de la codicia de los humanos a los que adora.
Si el holocausto se consuma, los siglos futuros lamentarán haber perdido para siempre la belleza y la gracia discreta del gorrión común. Y leerán en su homenaje, aunque ya no podrán entenderlos cabalmente, los versos de Catulo:
«Llorad… cuantos hombres seáis sensibles a la belleza. Ha muerto el gorrión de mi amada, a quien ella quería más que a las niñas de sus ojos. Pues era dulce como la miel, y conocía a su dueña tan bien como una chiquilla a su misma madre, y no se alejaba de su regazo, sino que, dando saltitos de aquí para allá, solo para ella estaba continuamente piando. Y ahora va por un camino tenebroso hacia allá de donde dicen que nadie vuelve… Pobrecito gorrión, por ti, ahora, el llanto enrojece los dulces ojos de mi amada.» (En Clásicos Universales Planeta, Barcelona 1990. Traducción de Joan Petit.)
 

sábado, 8 de abril de 2017

LA RUTA 155


Una vez más, Andrés Trapiello escribe en tono beligerante sobre Catalunya, en una tribuna de elpais. Se pregunta por qué hay almas de cántaro que predican que la política de Rajoy ha creado cientos de miles de independentistas, cuando es historia que eso mismo no había ocurrido antes con Aznar. Hay una respuesta clara a esa pregunta: es historia, también, que el mecanismo de reclutamiento de independentistas se puso en marcha a partir de la sentencia del Tribunal Constitucional que recortó un estatuto de autonomía que había sido aprobado por las Cortes españolas y tenía el voto favorable en referéndum (sí, hubo un referéndum legal, entonces) del pueblo catalán. Fue Rajoy quien utilizó el golpe de baja política de demonizar a los catalanes y sustanciar recurso legal contra decisiones de carácter político y adoptadas con todas las garantías democráticas. Aquello produjo una quiebra de confianza grave, entre el Estado y una de sus partes. El president Montilla alertó en la ocasión acerca de la “desafección profunda” que la sentencia iba a generar en los catalanes en relación con España. Quienes ahora colocan el federalismo y la vuelta al estatuto como remedios para el malestar palpable, se rieron entonces de Montilla: “¡Sagerao!”, dijeron, muy seguros de sí mismos.
La aplicación ahora del artículo 155 de la Constitución para sofocar el desafío –bastante aguachinado – de la cúpula institucional nacionalista catalana, tal vez no sería una máquina de fabricar nuevos independentistas, pero sí hundiría los últimos puentes de diálogo posible (el diálogo efectivo brilla por su ausencia) en una situación política sumamente delicada.
Porque hay dos formas distintas de considerar la dinámica funcional de una nación-estado: la primera, como unidad de destino en lo universal, al modo joseantoniano. Lo cual incluye la unanimidad forzosa, el ordeno y mando como método privilegiado de gestión del común, y la guardia vigilante junto a los luceros por los siglos de los siglos. Creíamos habernos liberado de esa interpretación con la transición del franquismo a la democracia.
La otra forma es la expresada, creo, por Ortega: un proyecto sugestivo de vida en común. Analicen los trapiellos qué sugestión cabe en el proyecto de España que estamos compartiendo todos velis nolis, y qué adhesión puede generar en aquellos que hemos visto mutilada nuestra ley autonómica, nuestro proyecto propio de vida en común, en virtud de altas entelequias difíciles de entender.
No hay unanimidad en Catalunya respecto de la solución más adecuada al encaje en España. No la habrá, a pesar de los pesares, sea cual sea el camino que se tome en esta coyuntura. La unanimidad, en cualquier caso, no es un desiderátum; es preferible la unidad alcanzada mediante síntesis de posiciones que eran diferentes en principio, y seguirán siéndolo - algo menos, tal vez - incluso al final de un largo diálogo.
Pero si se utiliza la ruta 155, como proponen hoy muchos trapiellos a coro, movidos por un sentimiento de nacionalismo puro tan poco respetable como el de la parte contraria, es conveniente que al menos se tenga conciencia clara de que se trata de una ruta sin retorno.
 

viernes, 7 de abril de 2017

PLENO EMPLEO Y BUEN EMPLEO


A través de un artículo de Cristina Narbona en “bez” (“No es economía, es ideología”), me llega la información de la publicación en español del último libro de Anne Pettifor. Se llama La producción del dinero: cómo acabar con el poder de los bancos (Sin Fronteras, Barcelona 2017). Una mínima objeción: era mejor el título original, más claro y rotundo, con menos sugerencias de título de autoayuda: Just Money. How Society Can Break the Despotic Power of the Finance (2014).
Pettifor merece respeto desde que en 2006 lanzó su título más conocido, La próxima crisis de deuda del Primer Mundo. El pleno de los economistas del establishment financiero empezó a desmentir a coro sus argumentos considerándolos apocalípticos, pero no pudo llegar muy lejos por ese camino: la crisis llegó, en efecto, al año siguiente. El resto es historia.
Anne Pettifor es profesora de Macroeconomía en la London City University, asesora del líder laborista británico Jeremy Corbyn, y miembro de la Fundación New Economics. Se opone a las políticas de austeridad, rechaza la jibarización del Estado llevada a cabo por el pensamiento neoliberal en favor de la gobernanza autorregulada por los mercados financieros (que incrementa de forma exponencial las desigualdades), está convencida de las bondades de la lucha hoy por el pleno empleo y por el buen empleo, y su receta para acabar con el poder de los bancos consiste en la utilización de las palancas del Estado de derecho y de la movilización de una sociedad bien informada en contra de los abusos catastróficos promovidos por el dinero. Recuerda, en este sentido, la forma tajante como defendió Keynes la subordinación de las finanzas a los intereses colectivos de la sociedad; y cómo las últimas versiones de la socialdemocracia, a partir de las “terceras vías”, han ido abandonando esa exigencia hasta dejar de reconocerse a sí mismas y al ideal social que predican.
Frente a quienes consideran la robotización y la digitalización como elementos destructores netos de empleo, señala Pettifor otros nichos de actividad intensivos en mano de obra que aparecen cada vez con mayor presencia y urgencia en el mundo contemporáneo: las políticas públicas para hacer frente a los desafíos del cambio climático, y el envejecimiento progresivo de la población, con los cambios de orientación y de prioridades que comportan en las políticas sociales.
La información es un arma. He aquí, por tanto, un buen título y una excelente autora para contribuir al rearme tan necesario de la izquierda plural en nuestro país.
 

jueves, 6 de abril de 2017

¿CACICADA PARLAMENTARIA?


Se han invertido los términos. Jordi Cuminal, de JxSí, reprocha al parlament de Catalunya la reprobación, por parte de toda la oposición unida, del director de TV3 nombrado por el gobierno del molt honorable Puigdemont. Se trata, ha dicho Cuminal, de una “cacicada parlamentaria”. No hubo cacicada, en cambio, en su opinión, en el nombramiento de una persona que no contaba con el consenso de C’s, CSQP, PSC y PPC, ni siquiera de las CUP. Jessica Albiach (CSQP), portavoz de la moción de reprobación, ha señalado además, solo por señalar, que el nominado Vicent Sanchis tampoco gusta a los sindicatos, ni a los consejos y colegios profesionales. ¿Le gusta a alguien, aparte de a quien lo nombró, Vicent Sanchis como nuevo director de una cadena que ha perdido recientemente el liderazgo de audiencia en Catalunya, en favor de Tele 5, tal vez por el hecho de enfocar su programación de forma prácticamente exclusiva hacia el sector de la población que se pronuncia a favor de la independencia ya?
Alega Cuminal que se veta a un periodista por sus opiniones políticas, y que eso es “injerencia”. No se le ocurre que desde el gobierno se ha designado a un periodista precisamente por su militancia política en favor de la independencia, al margen de otros méritos que concurren o pueden concurrir en su persona; y eso es abuso. Es abuso porque TV3 es una televisión pública, porque su programación debe ser respetuosa con las diferentes creencias y opiniones legítimas que coexisten en el país, y porque sus estatutos exigen consenso político para el nombramiento de su director.
Algunos predican como ejemplo de democracia simplemente poner las urnas, pero luego tratan de crear las condiciones para que las urnas sean rellenadas a ciegas, desde llamamientos emotivos, presiones indisimuladas y campañas mediáticas claramente coactivas, del estilo “nosotros ya lo hemos decidido, ¿a qué esperas tú?”
Esas sí son cacicadas. Sin coartada ideológica posible en este caso, porque incluso las CUP han votado, oh sorpresa, junto a los botiflers. Las prisas de convergentes y esquerrans por poner a punto como sea un mecanismo de desenganche están siendo malas consejeras. Convendría hacerles repasar la historia del Brexit, como recordatorio de que el problema no está en el proceso de creación de un estado de opinión difuso e inconcreto que lleve a un resultado mayoritario, por poco o por mucho, en una votación. Esa es una simple cuestión de propaganda. El verdadero problema, el político, empieza el día siguiente.
 

miércoles, 5 de abril de 2017

UNA JORNADA PARTICULAR


Una fórmula infalible para reafirmar el tópico demasiado común de que los sindicatos “no hacen nada”, es silenciar sistemáticamente desde los medios informativos las actividades de los sindicatos.
Estuve ayer, como invitado, en la jornada de inauguración del Congreso (el onceavo) de las Comisiones Obreras catalanas. Vi a muchísimos conocidos y tuve ocasión de saludar a algunos de ellos. No me tomé la ocasión como una jornada para la nostalgia, sin embargo; para el “parece que fue ayer”. Me interesaba el hoy. No tomé notas, lo fie todo a la memoria, que va dejando poco a poco de ser la que fue. Pero estuve atento a las intervenciones: a las dos “institucionales” de Colau y Puigdemont, y a las del secretario saliente Joan Carles Gallego, más las de María Recuero, de USOC, y Camil Ros de UGT, que entonaron un “canto a tres voces” a la unidad de acción.
Por supuesto. Pero también escuché, sin faltar una, las intervenciones de todas las delegaciones de federaciones y uniones en torno al Informe General presentado al Congreso.
Ahí asomó de alguna forma la actividad obstinada e incesante de un sindicato maltratado por los medios durante los cuatro últimos años. El debate en torno a un informe general suele centrarse mayormente en temas generales; es lógico. Se habló bastante de la propia organización. Con orgullo: “hemos resistido en tiempos duros”, “aquí seguimos”, “hemos crecido”, “hemos ganado las elecciones una vez más”, “somos más fuertes”, “es el momento de retomar la ofensiva”.
No son bravatas, la CONC es la entidad catalana con más socios, después del Barça. La diferencia entre ambas es que en el caso del sindicato se trata de socios activos, socios para empujar las cosas todos los días laborables, no solo para movilizarse los días de partido. Ellas y ellos son, discúlpeme el club de fútbol, mucho más socias/os, cuantitativa y cualitativamente.
Y al hilo de las intervenciones de los mandatados por las delegaciones congresuales asomaron de pasada nombres de empresas, historias de conflictos resueltos o por resolver, negociaciones felices o infructuosas, movilizaciones. Historia menuda si se quiere, pero que es la de los días que pasan, la de los puestos de trabajo que se defienden, la de las alternativas discurridas colectivamente a propósito de todo, frente a un poder inmóvil que sostiene que no hay alternativa.
En la pantalla del escenario, el logo del congreso era un número 11 formado por bocadillos de diálogo de diferentes colores, que se formaban y se desvanecían sucesivamente. Imagen de un diálogo sindical frondoso, que haría mucha falta estimular en otros ámbitos institucionales de la política.
Y dos últimas notas a una jornada particular: una, la gran presencia femenina, en la mesa, en la platea, en las delegaciones. Magnífica intervención de Aurora Huerga, que hablaba por la Federación de la Construcción y Servicios y aprovechó sus últimos segundos, avisada ya desde la mesa de que debía ir acabando, para recitar un poema sobre las mujeres y condenar la violencia de género con un “¡Las queremos vivas!”, levantando el puño.
Y esa, la de la poesía, es la segunda nota. No fue Aurora la única en recitar. Salió también a colación, entre otros, un poema de Miguel Hernández. Y hubo palabras de reconocimiento a Gallego por haber introducido en el sindicato el gusto por la poesía. No es poca hazaña, lo digo desde mis recuerdos de otras épocas en las que la cultura se nos aparecía mucho más lejana.